¿Merecía Prison Break una tercera temporada? Esa pregunta nos hicimos el mismo día en que Prison Break cerraba su segunda sesión con un final más que dudoso. Hoy, con la miel en los labios, no dudamos en afirmar que sí merece esta temporada. Más que merecerla, la necesita, porque Prison Break acabó en lo más alto cuando terminó la primera temporada, pero corrió sin rumbo durante varios episodios de la segunda temporada, al ritmo de las carreras de Michael huyendo de Mahone y persiguiendo el dinero de Westmoreland.
De cara a la tercera temporada, he preferido que me laven el cerebro. Como se dice en las relaciones de pareja, empezar de cero. No me gustaría notar el sabor amargo de la segunda temporada y, para ello, sería muy importante que no se confirmara la noticia de la desaparición de Sarah Tancredi. La doc aporta a Prison Break una dosis necesaria de cordura, en una serie principalmente de hombres en la que la violencia suele ser el recurso más rápido y más directo.
Sin voluntad de desvelar nada trascendental de lo que nos espera, recordaremos algunos puntos de la tercera temporada. Sabemos cómo se construyó Sona y Lincoln y Sucre nos explicaron por donde irían los tiros en las relaciones humanas de este año. Antes de la noticia de la fuga de Tancredi, se rumoreó con una posible relación que haría saltar los cimientos de la serie. Prison estableció una nueva moda con esta especia de spoilers encriptados y, para acabar, alucinamos con esta promo que nos recordó que Prison Break mola, y está a tiempo de ser tan genial como en la primera temporada. Hoy he quedado, con Michael Scofield.

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