Series de tu vida: Sexo en Nueva York

Series de tu vida: Sexo en Nueva York

En junio de 1998 la HBO estrenaba Sexo en Nueva York, una serie que narraba las desventuras de cuatro chicas neoyorkinas al filo de la treintena. Desventuras que llegaron a su fin en 2004, después de seis temporadas, durante las que Carrie, Miranda, Samantha y Charlotte nos transportaron a su fabuloso mundo dejándonos ver lo más frívolo y lo más transcendental de la vida a través de sus ojos. Una serie que, de alguna forma, me marcó y por eso es una de las series de mi vida.

Disfrazada de dramedia facilona y superficial, la serie tiene un trasfondo que sólo aquellos que la han seguido regularmente pueden apreciar. Sexo en Nueva York tiene mucho de sexo, mucho de amor, mucho de moda y mucho de postureo y frivolidad pero la verdadera historia gira en torno a la amistad: la de Charlotte York, Miranda Hobbes, Samantha Jones y Carrie Bradshaw. Para bien o para mal, de todas ellas aprendí alguna cosa.

Charlotte York (Kristin Davis) es la ingenua, la pija, la creyente y la soñadora. Charlotte soñaba con encontrar el amor de su vida: un hombre fuerte, guapo y bien posicionado. Paradójicamente su gran amor resultará ser feo y torpe pero increíblemente tierno y divertido. Un hombre que la desea, la respeta y la hace reír. De Charlotte aprendí que nunca hay que perder la fe en que encontrarás tu momento y tu lugar.

Miranda Hobbes (Cynthia Davis), mi personaje favorito. Miranda es una mujer fuerte, independiente, cínica, descreída y, sobre todo, fiel a si misma. En las primeras temporadas Miranda era una soltera convencida y orgullosa de serlo, una mujer que valoraba su independencia y su trabajo más que cualquier otra cosa. En la segunda temporada conoce a su gran amor y futuro padre de su hijo, Steve Brady, el segundo personaje masculino regular en la serie. Steve y Miranda son como el queso y el membrillo: Totalmente distintos pero que combinan a la perfección. De Miranda aprendí que a veces hay que ceder un terreno para conquistar otro.

Samantha Jones (Kim Cattrall), mi segundo personaje predilecto. Creo firmemente que todo el mundo debería coger un trocito de Samantha y hacerlo suyo: Todos deberíamos tener un poco del amor propio de Jones. Lo que realmente me gusta de ella es que es el personaje que, a priori, parece ser el más proclive a ser un desastre: Promiscua, insensible y descarada, el tipo de nuera que ninguna madre querría tener. Sin embargo, Samantha es el personaje más sincero y auténtico de Sexo en Nueva York, no importa lo que haga, ella nunca pierde su dignidad. De Samantha aprendí que nunca se debe querer a nadie más que a uno mismo.

Carrie Bradshaw (Sarah Jessica Parker). De ella podríamos decir que es el personaje principal más odiado de la historia de las series. Infantil, egocéntrica y melodramática, Carrie es, en mi opinión, el peor personaje de todos. Una mujer que no ve más allá de sus problemas y que lloriquea por las esquinas a lo largo de las seis temporadas. Vale, está claro que la serie no hubiera sido lo mismo sin ella, pero eso no quita que me caiga fatal. No obstante de Carrie aprendí que darle excesivas vueltas a la cabeza nunca es bueno y que hacer de ello tu trabajo puede acabar trastornándote.

Cuatro amigasCuatro amigas

Los personajes masculinos son secundarios en la serie, amigos y amantes de las cuatro protagonistas. Tengo especial debilidad por Steve Brady (David Eigengberg) y Harry Goldenblatt (Evan Handler), aunque hay más: Richard Wright (James Remar), Smith Jerrod (Jason Lewis), Aidan Shaw (John Corbett), Trey McDougall (Kyle MacLachlan), Aleksandr Petrovsky (Mikhail Baryshnikov), Stanford Blatch (Willie Garson) o Anthony Maranello (Mario Cantone).

De las secundarias, la que se lleva la palma, en mi opinión, es Magda (Lynn Cohen), la asistenta de Miranda. Magda es ucraniana y muy tradicional. Ella y su mirada inquisidora nos han regalado grandísimos momentos. Uno de ellos es el día en que decide sustituir el vibrador de Miranda por una imagen de la Virgen María. A pesar de sus diferencias, Magda acaba convirtiéndose en algo parecido a una madre para Miranda. Ella protagoniza una de las escenas más tiernas del último capítulo, cuando besa a Miranda en la frente después de bañar a la madre de Steve.

Entre todos los secundarios hay uno que es casi un protagonista y no es otro que Mr. Big (Chris Noth), uno de los mejores personajes de la serie. Big es el macho: guapo, rico, sexy, con poder e influencias y que tiene algo que vuelve loca a Carrie. Es inaccesible y emocionalmente inestable. Las idas y venidas de Big y Carrie es una de las pocas cosas que tienen en común las seis temporadas, es la única relación que vivimos desde el principio de la serie hasta el final.

Una relación que saca lo mejor y lo peor de Carrie Bradshaw, una relación agotadora y gratificante a partes iguales, una relación radical, que pasa del amor al odio, del despecho al deseo, de la indiferencia fingida a la amistad más sincera en cuestión de horas. Podría decir que me gustan más cuando no están juntos, el Big y la Carrie que mantienen largas conversaciones aunque sea desde puntos opuestos del país. Diálogos cargados de sarcasmo, de franqueza, de realidad unas veces y de fantasía otras, el tipo de conversaciones que se tienen cuando el sexo no lo complica todo.

De ellos, me quedo con una escena de la finale de la cuarta temporada. Una secuencia que muestra lo que son y lo que podrían llegar a ser.

Sexo en Nueva York tiene todas esas cosas ñoñas que se atribuyen a una serie femenina: relaciones de pareja, estética, moda en general y zapatos en particular… Pero también habla de la amistad incondicional, de los miedos de las protagonistas y de cómo los afrontan de cuatro maneras distintas, de las grandes decisiones que todo ser humano debe tomar en la vida y de cómo, cuando tropiezas, siempre hay alguna forma de volver a levantarte. La serie divaga sobre todas estas cosas y lo hace a través de guiones irónicos y brillantes en los que el sexo es sólo una excusa para abordar la verdadera esencia de la serie: Nada más y nada menos que el día a día de cuatro neoyorkinas que buscan incansablemente el amor, la felicidad y la parte de ellas mismas que han ido perdiendo por el camino.

Y cada una acaba encontrando su final: Charlotte lo hace en brazos de un abogado, calvo y sudoroso que la deja ser quien es y al que no le importa que su primogénita venga de China. Miranda en Brooklyn, con su familia, alejada del ajetreo de Manhattan y siendo feliz allí dónde nunca pensó que lo sería. Samantha lo encuentra después de superar un cáncer y haciendo un esfuerzo hercúleo por abrir su corazón a un hombre mucho más joven que ella y Carrie descubre que su final es, en realidad, su comienzo. Bradshaw vuelve, en París, a su punto de partida: Big, pero esta vez son diferentes, ella es una nueva Carrie y Big ya no es Big, es John.


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