Review The Newsroom: We Just Decided To

Acogí The Newsroom en mi regazo desde el momento en que supe que era lo nuevo de HBO, esa coletilla tan desgastada por el uso pero a la vez tan certera. La Home Box Office es sinónimo de calidad en el mundillo y un servidor se siente huérfano: aunque disfruto cual Tyrion viendo Game of Thrones, cargo con el sentimiento de culpa de haber llegado tarde a la Santísima Trilogía (The Sopranos, Six Feet Under y The Wire), y de no sentirme atraído por Veep, Girls o Enlightened. De modo que el anuncio del matrimonio The Newsroom / HBO, vitaminado por el factor Sorkin, hicieron que marcara en rojo en mi calendario el día del piloto. Tras darle al play y contemplar el primer minuto asoma ya la que parece será una seña de identidad: los rapidísimos diálogos. Desde aquí un abrazo a las personas que preparan semanalmente los subtítulos de nuestras series favoritas, estoy seguro que en el caso de The Newsroom deberán sudar el doble… Por lo demás, un minuto de regusto lostiano, con un Jeff Daniels epicéntrico, con ese sonido de voces que empiezan a desdibujarse lentamente… y ya está, porque ahí acaba el primer minuto, y el resto ya no forma parte de la entradilla sino de la primera review de The Newsroom. ¿Gustas?
Los primeros minutos de la serie son muy buenos, o al menos a mí me han parecido maravillosos. Si la premisa de The Newsroom va en esta dirección no me importa que sea o deje de ser una producción que deje huella en su sector, me basta con que suponga un ejercicio de responsabilidad del sistema de medios de comunicación norteamericano. Desde luego, América (lo pongo en cursiva porque me hace mucha gracia que se llamen a sí mismos América) no es el mejor país del mundo, creo que eso es evidente, y posiblemente lo sepan hasta ellos mismos. Ahora bien… no es lo mismo interiorizarlo que pregonarlo a los cuatro vientos. Los diez primeros minutos de The Newsroom son valientes, están muy bien construidos y podrían ser una pieza audiovisual a tener en cuenta por sí mismos (como anuncio, como campaña…), y en este pack incluyo también la intro de la serie. Me ha fascinado que en una serie de la HBO aparezcan imágenes de archivo de la CBS (inmortal Walter Cronkite), más que nada porque me parto de la risa pensando en qué tendría que pasar aquí para que Telecinco sacase el logo de Antena3 en alguna de sus producciones.
El esqueleto de lo que se supone que será la serie queda definido en la conversación entre los dos mayores protagonistas, Will McAvoy y MacKenzie McHale, en el despacho del primero de ellos. Will es el presentador de las noticias nocturnas de la ficticia ACN, que ha llegado hasta donde está básicamente gracias a no meterse con nadie. Su nulo posicionamiento político en público se debe en gran parte a su manera de ver el periodismo y los medios de comunicación como algo supeditado al partidismo: ¿qué importa lo que digas, si la gente de izquierdas solo quiere escuchar lo contrario de lo de la de derechas y no la verdad, y viceversa? Will es el desengaño, el que firmaría aquello de que todos mienten, pero da igual porque nadie escucha. Por contra, MacKenzie es la idealista, la que no quiere dejar de creer que el periodismo, los medios de comunicación, son el Cuarto Poder. La que confía en que las cosas bien hechas no tienen color político. Ella lanza una de las reflexiones más interesantes del piloto:
Reivindicar el Cuarto Poder. Reivindicar el periodismo como una profesión honorable. Un telediario nocturno que informe de un debate digno de una gran nación. Civismo, respeto y volver a lo importante. La muerte de la vulgaridad, la muerte del cotilleo y del voyeurismo. Decirles la verdad a los estúpidos. Evitar apelar a un segmento demográfico. Un lugar donde todos coincidamos. Estamos llegando a un momento decisivo. Va a haber un debate a gran escala: ¿es el gobierno un instrumento para el bien o es “cada uno a lo suyo”? ¿Debemos aspirar a lograr un objetivo más ambicioso o el egoísmo es lo que nos mueve? Tú y yo tenemos la ocasión de ser uno de esos pocos individuos que pueden dar voz a dicho debate.
Algo quijotesco, desde luego… pero digno de ser intentado. Por cierto: desconocía la pasión de Sorkin por el personaje de Miguel de Cervantes.

Will y MacKenzie, además de ser polos profesionalmente opuestos (en teoría, porque en la práctica queda visto que no lo son tanto), comparten pasado. Sabemos que hubo entre ellos una relación amorosa, y se deduce que ella la terminó de alguna manera, o al menos fue la culpable de que se terminase. ¿Una infidelidad? Tiene pinta. A día de hoy, Will considera a su ex poco menos que su enemiga íntima, y vemos que no se ha recuperado del todo de la ruptura. Como herencia, carga con un carácter de lo más agrio, especialmente con sus compañeros de trabajo. Creo que el gag de Maggie/Margaret/Ellen ha ido un poco demasiado lejos para ser el piloto; me quedo con el momento en que se despide de la sala de control con palabras de afecto y motivación antes de darse cuenta de que no está en la sala correcta.
Me ha gustado mucho el personaje de MacKenzie. ¿Cómo no me iba a gustar con ese nombre? MacKenzie… ¡suena genial! La nueva executive producer de News Night es rápida, inteligente y conoce a la perfección a su presentador, con lo cual hará un trabajo fabuloso; además ha demostrado que sabe moverse bien en las relaciones humanas/profesionales, trayendo al crack de Jim Harper con ella y detectando algo más que una cara bonita en Margaret Jordan. Quizá la trama de la rubia associate producer es lo más arquetípico del capítulo: su relación con Don, su potencial oculto, su torpeza innata… hay algo ahí con aroma a Bridget Jones que no me termina de convencer.
En realidad hay más clichés diseminados por la hora larga (aunque corta en realidad) que dura We Just Decided To. Por ejemplo Neal, el indio techie, un clásico entre los clásicos… el plan B era un caucásico, pero parece ser que en atrezzo no tenían gafas de intelectual, así que optaron por el chico de Slumdog Millionaire. Ensalada de coincidencias: Neal sabe de volcanes porque hizo un trabajo en el instituto y Jim, cosas de la vida, tiene a un colega en BP y a su hermana en Hulliburton. Precisamente el momento en que brota la noticia es lo más forzado del episodio, pero es algo bastante habitual en series y películas. ¿Tan difícil es que una redacción parezca una redacción? Supongo que en realidad no son muy televisivas, claro… Pero es evidente que todos sabíamos que Don al principio iba a ignorar a Jim, y que finalmente Jim iba a salirse con la suya, blablablá. Tampoco es muy creíble la velocidad supersónica a la que trabaja todo el mundo y consiguen, en un par de horas, vestir una noticia que el resto de medio ni siquiera tiene entre manos. Y, sin embargo, el resultado es grande desde el punto de vista de la ficción: la química entre McAvoy y su productora funciona a la perfección desde el momento en que él se siente ante la cámara y ella se instala en su sala de máquinas. Dos apuntes: uno, me ha gustado el detalle de enseñarnos la fecha, lo que sirve para ponernos en contexto ya que todas las noticias que se traten serán reales; dos, el actor Jesse Eisenberg (Zuckerberg en The Social Network) hace un cameo de voz durante el informativo, en el papel del inspector de pozos Eric Neal.
Como piloto, We Just Decided To funciona casi a la perfección. No aburre en ningún momento, logrando Sorkin lo que ya consiguiese con su película sobre Facebook: hacer interesantes historias ya conocidas y poco dadas a la ficción cinematográfica/televisiva como el nacimiento de una red social o el desastre de BP. En serio, es digno de admirar. Además, nos introduce muy bien a los protagonistas y nos siembra ya varias tramas de largo recorrido, como la relación entre Will y Mac, el papel en la sombra del mandamás Skinner o el triángulo Don/Maggie/Jim. Don, ahora que sale a colación, cumple con la cuota de capullos que toda serie que se precie debe tener… aunque algo me dice que este chico no nos caerá del todo mal.

Me ha gustado mucho el arranque de The Newsroom. Más allá de lo fiel que vaya a ser a la realidad de una redacción televisiva (o de lo que se pueda permitir ser), la serie promete plantear un debate tan interesante como real. Y no solo ya en la parte que afecta a los medios y su papel como formadores e informadores además de entretenedores, sino por nosotros mismos como individuos. Nuestra capacidad para pensar, para interpretar, para decidir. Soy bastante ajeno a los tics made in Sorkin que pueda tener (personajes inteligentísimos, diálogos ultrarápidos, pasillos y más pasillos), y que parece que tan mal han sentado en Estados Unidos. Me quedo con su impecable ritmo, su correcto guión y el buen trabajo de los actores, con mención especial al borrachín Charlie Skinner que nos brinda Sam Waterston. A decir verdad, The Newsroom está decididamente por encima de la media de calidad de los estrenos de esta temporada. No le pidamos más por el momento…

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