Review The Expanse: Pyre

Quien siembra vientos recoge tempestades. Porque a pesar que Dawes haya echado leña al fuego, el maltrato histórico de los interiores hacia el cinturón habia encendido ya la primera llama. En Ganímedes, además de los alimentos que mantenían a gran parte de esta colonias, se ha venido sembrando desconfianza, rencor, y otro brote de esa gran conspiración azulada de escala interplanetaria. Pero de la luna de Júpiter también ha venido esta semana un nuevo protagonista; que, junto con Drummer, la segunda de Johnson, nos han ofrecido un capítulo trepidante y dónde se siguen desgranando las consecuencias de esta expansión acelerada. Para entender mejor de dónde viene todo, quizás venga bien deshojar el episodio pétalo a pétalo. Encended vuestras botas, que desactivo la gravedad… ¡y comenzamos!

Espero que la sensación de ingravidez no os haya traído el mal recuerdo de lo vivido por Praxidike Meng, el botánico ganimedano. Prax para los amigos, era uno de los científicos encargados de los cultivos de Ganímedes (entendemos que para Marte). Nacido y criado en ese distante satélite, parecía vivir feliz rodeado de plantas y cuidando a su pequeña hija. El ataque que destruyó la estación, sin embargo, acabó con esa apacible vida. Tras una intervención quirúrgica complicada que curaria sus heridas pero le dejaría una fea cicatriz en la sesera, despierta en un carguero rodeado de refugiados. Parece que Doris, una “compañera”, es la única cara conocida entre el resto de supervivientes. Por ella se entera que el Sector 4, dónde su hija había acudido al médico ese fatídico día, había sido completamente destruido durante el ataque al colisionar contra él un espejo orbital. Pero esa no sería su única perdida…

“Cada guerra es una destrucción del espíritu humano”, decía Henry Miller, el escritor cuyo nombre nos recuerda otra reciente baja. Y es que ningún bando se salva de cometer atrocidades en un conflicto bélico. Años, décadas, generaciones de maltrato hacia los habitantes del cinturón, que eran menos valiosos para las corporaciones y gobiernos interiores que los recursos que generaban, fueron el medio de cultivo para la monstruosidad que presencia Prax. Porque tras la contrariedad de ser excluido por su condición de belter para volver a Marte, viene el terror de que sus rescatadores hayan expulsado para morir en el frío vacío a su amiga, por el mero hecho de haber nacido en un planeta interior. (“Los interiores arruinaron Ganímedes”), le dice sin inmutarse el ejecutor. Pero nosotros sabemos que la verdad es algo más complicada que eso…

El odio de esta sociedad maltratada por tanto tiempo es precisamente el recurso que mejor sabe explotar Dawes. La semana pasada vimos cómo, en una inteligente maniobra en la que contaba con ayuda interna, se zafó del personal de la Tycho y la Roci, huyendo con Cortazar como rehén. Ahora vemos en el mensaje que le manda a Johnson su reproche a que mantuviera en secreto al científico y su conocimiento sobre lo que acabó con Eros y estuvo a punto de aniquilar a media Tierra. Lo vemos nosotros y su tripulación, incluido el belter con peinado de Josephus. Entonces se nos desvela que verdadera ayuda interna no fue de la realmente leal Drummer, como podríamos haber sospechado, sino de este topo que trabaja para una fracción del cinturón que solo conoce la fuerza bruta como estrategia. Revolucionados por las palabras de Dawes, estos rebeldes deciden hacer suya la otra arma que Johnson guardaba con celo y planeaba usar como moneda de intercambio diplomatica: El alijo de bombas nucleares. Aunque para ello necesiten hacer un ataque de destrucción masiva.

Con la pistola por delante y con la ayuda de su hombre infiltrado, toman el puesto de mando. En una de las escenas más trepidantes de esta ya de por si movida temporada, consiguen poner a Johnson entre el misil y la pared. (“Muchos hombres han muerto por mí. Y por mis manos”), decía el portavoz de la OPA. Pero a pesar del disparo en el estómago a su mano derecha, el aún jefe de la Tycho sabe que cualquier cosa sería mejor que entregar esas armas a al grupo rebelde. Por suerte, en la Rocinante tienen un plan.

Aunque Amos siga debatiéndose interiormente por su duro pasado, quizás aun planteándose si sería lo mejor darle al interruptor de apagado de la poca empatía que le queda, es quien se encarga de cortar el suministro de aire y parar el motín. No tiene ánimos para prestar ayuda humanitaria, como le hace saber a Alex (“No me obligues a pelear contigo. ¿Quién pilotará la nave entonces?”), pero siempre está ahí cuando le necesitan sus compañeros. De modo que la Roci vuelve a salvar el día. Aprovechando la distracción, y con sus últimas fuerzas, Johnson consigue desarmar al líder de los rebeldes. Y quien acabará definitivamente con él y con el traidor será Drummer. La mujer demuestra su entereza cuando, a pesar de las graves heridas, les ejecuta a sangre fría y sale hacia la enfermería por su propio pie, haciéndonos sentir mal por pensar por un momento que ella podría haber estado ayudando al bando de Dawes.

Antes de la revuelta, Drummer y Naomi habían compartido un pequeño viaje a las antenas exteriores. Allí nos enteramos que ella y Dawes (para quien trabajaba entonces) fueron los que volvieron a encaminar al que ahora es su jefe. Por entonces, y tras ser obligado a masacrar a cientos de belter inocentes, se debatia en saber si debería acabar con su propia vida. Nagata también se ha pasado el episodio dudando sobre su decisión de dejar intacta la muestra congelada de protomolécula, ¿Sería esa la fuente de la señal que identificó Cortazar?, ¿la que le hablaba? Sin embargo, gracias a la triangulación de la señal que utilizó el científico para contactar con las voces de la protomolécula, ahora saben que el ataque de Ganímedes fue algo más que un incidente diplomático.

Quizás Dawes si tenga razón en una cosa, y es que Holden puede recordarnos a un tipo con sombrero. El capitán de la Roci está desconocido. El mismo que increpara a Miller por disparar a Dresden (el científico jefe de la investigación), iba a ir a matar a Cortazar a sangre fría aquel día (“Haré lo que sea necesario para evitar que vuelva a ocurrir algo como lo de Eros.”). La pareja se reconcilia entonces y nos impresiona con sus dotes detectivescas al vincular la presencia de la protomolécula en Ganímedes al Dr. Lawrence Strickland, un científico de Protogen algo sobrecualificado, que era el pediatra de la hija de Prax… ¿Quién dijo sospechoso? Este hilo les lleva por tanto al confuso refugiado recien llegado de esa base. El intentar denunciar un genocidio a quienes lo pertrecharon te hace estar alerta, por lo que es entendible su estado de nervios en el acercamiento. Pero el crimen de guerra pasa a segundo plano en su cabeza, al plantearle la posibilidad de que su hija pueda segur viva. Su pediatra se la había llevado de allí antes del ataque al maltrecho sector. El hombre sabía de antemano que iba a pasar. Ya tenemos un nuevo destino.

Así Prax se une a la tripulación de la Roci como guía, porque nada mejor que contar con un motivado nativo para continuar sus pesquisas en la distante luna. Hasta cuenta con la aprobación de Amos en la búsqueda de su hija, que se nos antoja no va a ser nada fácil. Pero el apenas recuperado Johnson no está de humor. La Roci puede haberle salvado, pero tambien ha estado también aprovechando los recursos de la estación por mucho tiempo y dándole un sinfin de problemas. Si ahora van a por la protomolecula, les advierte, será mejor que no vuelvan por allí. Entonces Holden le recuerda que para entonces puede que ni siquiera siga él al mando. (“Ya no formas parte de esto”). Mi olfato me dice lo contrario, aún no hemos visto todo sobre el todavía jefe de la Tycho, con los misiles en su haber y una cumbre interplanetaria a la que atender. Quizás ya Dawes no les parezca tan buen portavoz, pero entonces ¿Quién representará a los belters tras lo sucedido? Pues parece que el rey más allá del cinturón ha perdido prácticamente su capacidad para mantenerles unidos bajo una misma causa.

Hemos disfrutado de este capítulo mientras aún brindábamos por la renovación de una tercera temporada. Es un alivio saber que tras unos magnificos capítulos podremos seguir disfrutando de una serie que semana a semana no defrauda. Esta vez ha vuelto a alejar el foco de atención de los protagonistas principales, sin tener noticias de la Tierra ni Marte y sin demasiado tiempo en pantalla de la tripulación de la Roci. Pero en un capítulo en que se presenta un nuevo personaje, era quizás necesario centrarse en el cinturón, que parece haberse convertido en una pira de actividad en honor a ese nuevo dios azulado. Como véis, en este viaje no hay un descanso, y tengo claro que The Expanse aún tiene mucho con lo que sorprendernos. ¿Qué os ha parecido a vosotros?, ¿también esperáis aún grandes cosas de esta temporada?

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