Review Taboo: Episodio 7

Epitafio escrito por Helga para honrar la vida de su difunta hija, Winter, el día de su exequia:

Señor, nos hemos reunido en tu presencia hoy aquí, en este momento tan doloroso, para decir adiós a Winter. Protegida por su amor al mundo, limpia, pura, encomendada a Dios, no será cubierta de tierra como la carne corrupta, sino que será enviada contigo, Señor, a bordo de un amanecer a lo largo del río, al que amaba como si fuera su padre. Acoge en tu seno a este, el más puro copo de nieve, mi hija, mi luz, mi amor, mi Winter. Un alma buena se nos ha arrebatado demasiado pronto. (…) Que ascienda a los cielos y libérala con tu luz. Amén.

Cuaderno de bitácora de James Keziah Delaney: (Extractos)

(…) Lorna llegó en el momento que finalizaba el funeral por Winter. Ella cree que tengo corazón. Pero ahora, lo que necesito, es un barco, por eso vigilo desde la orilla. Lorna cree que yo no pude matar a Winter, dice que yo me preocupaba y era amable con ella, que ella misma se lo dijo. ¿Cómo puede estar tan segura, si yo mismo…? Me anunció la llegada de Robert a casa, Cholmondeley lo llevó en persona, tal y como le ordené.

(…) Winter ya está entre ellos, entre aquellos que solían cantar para mí

(…) Después de Winter, George Chichester apareció en mitad de la noche para hablar conmigo; tras haberle evitado durante tanto tiempo, ahora me será de ayuda. Se define como un “racionalista” y dice creer en la justicia al mismo tiempo, ¡qué incongruencia! Me quiere, como único miembro superviviente de la tripulación del Corwallis, para que escriba un informe, señalando a Sir Stuart Strange, como el responsable que organizó el cargamento de esclavos del navío, con destino a una plantación de azúcar en Jumby Bay, Antigua, propiedad de su propio hermano. A cambio, me ofrecen un indulto completo por mis crímenes. Yo, tengo una sugerencia alternativa…

(…) Tengo preparadas las cartas que deberán ser abiertas en el momento oportuno. He encargado a Robert que ponga mi llave a salvo…

(…) No me ha quedado duda alguna, Helga no piensa como Lorna…

(…) Una vez creí que éramos la misma persona. Pero no lo somos, ya no. Tal vez Zilpha deba agradecérselo a su Dios…

(…) Bedlam será nuestra nueva e improvisada fábrica y almacén. Me he reunido allí con Atticus y le he proporcionado algo para su libro: las leonas siempre protegerán a sus crías, sin importar las consecuencias, incluso si ello significa una muerte segura. Él lo ha entendido: Helga me traicionará. También ha captado mi orden: no hacerle daño, ya está bastante dañada. Es inevitable que vaya a la Compañía… y eso es precisamente lo que quiero que haga ahora…

(…) Le he pedido a Brace que me hable de las ratas. De este modo, se ha confesado conmigo. Fue él quien envenenó a mi padre. Lo ha definido como un acto de bondad. Afirma que puso fin a su dolor, que ya no tenía nada por lo que vivir, y que yo volví demasiado tarde, para ambos…

(…) Godfrey vino corriendo en mi busca; en el páramo, me contó lo que ya sabía. Tengo una tarea para él…

(…) Godders ha convencido a George Chichester, le ha hecho creer que testificará en contra de Sir Stuart Strange en la comisión. Yo le he convencido, por mi parte, de que le llevaré en mi barco lejos, muy lejos, como a todos aquellos que me sean útiles, antes de que comience el proceso. Posteriormente, le he facilitado una dirección a la que debe dirigirse, para que le lleven con Atticus. Le he dado la orden de que le diga a él dónde recluyen a Helga, que escriba su informe del Cornwallis, Atticus lo esconderá y le mantendrá a salvo.

James y Lorna, Lorna y James. Parecen estar cada vez más “unidos”. Lorna, Lorna, Lorna… parece que estás atrapada por Delaney. ¿Qué ha sido, de lo contrario, esa expresión de tu cara y ese suspiro final, después de tener el primer “contacto físico” con él, a la orilla del río? Ha sido un simple empujón, pero ella ha sentido algo, algo que no parece haber experimentado nunca, por un hombre… Su búsqueda de la verdad en el asesinato de Winter, ha puesto de manifiesto también sus intenciones. Por su parte James, se ha desembarazado de su querida Zilpha, por la que, quizás, también se haya sentido traicionado. Además, ojo al detalle: James nombra a la Sra. Delaney, refiriéndose a Lorna, por vez primera, cuando manda a Brace arreglar el desaguisado que está provocando en la cocina (previamente la vimos allí, intentando desplumar un pato).

En efecto, las pesquisas de Lorna nos han conducido a la verdad en este asunto, la Compañía de las Indias Orientales fue la culpable de la muerte prematura de Winter. Parece que la corporación, desesperada por la situación, ha cambiado sustancialmente su estrategia, intentando medrar en ese submundo, sucio y oscuro, en el que James es el “rey”. Decididos a jugar en el dominio de su oponente para conseguir sus fines, veremos si a la Compañía se le da “tan bien” como hacerlo en sus propios despachos.

No han abandonado, en absoluto, la lucha en este otro terreno, en el que son expertos. Sir Stuart Strange y sus hombres, reunidos con Solomon Coop, urden un plan para aplastar a James. Estamos ante un caso de alta traición, por lo que “La ley de la corrupción de la sangre”, prevalecerá sobre todas las demás, de modo que todas las posesiones de la parte culpable serán traspasadas, sin impedimentos, a la corona. En aplicación de la misma ley, todos los familiares de la parte culpable, serán considerados corruptos y no podrán reclamar nada en absoluto. Sir Stuart Strange entregaría a James y la isla de Nutka a la corona, a cambio del monopolio de té en China, en favor de su Compañía.

Brace, desquiciado por lo que hizo, matar a Horace Delaney, y también por lo que no hizo, asesinar a James, informa a Lorna de que ahora, son los hombres del rey quienes lo tienen atrapado en la Torre de Londres, en la época, lugar y símbolo de tortura y muerte. Nadie allí será tan misericordioso de ofrecerle arsénico para librarle de lo que le espera…

Solomon Coop quiere toda la información acerca de los cómplices de James para la fabricación de la pólvora y su ubicación, así como sus contactos americanos, los lugares de reunión, los códigos, los nombres en clave… James Delaney se muestra dispuesto a dar toda la información que precisen, pero a cambio exige una reunión allí, con Sir Stuart Strange, en una celda y en privado. Arrow, el torturador, cree que James se derrumbará en una, a lo sumo dos horas. Coop abandona la sala de torturas, entre náuseas, Arrow ha comenzado a “lijar” la rodilla de Keziah.

Nuestro aventurero protagonista parece capaz de reponerse y salir airoso de cualquier contratiempo y eventualidad. Tal y como nos tiene acostumbrados, sigue demostrando ser un gran estratega que parece tener en mente cualquier movimiento que pueda realizar su oponente. Es la guerra, pero él no ha dejado de “jugar al ajedrez”, sigue sentado frente al tablero, moviendo sus piezas e influyendo, con los mismos, en las decisiones de sus adversarios. Ha dejado a su “leona” Helga ir a la Compañía a delatarle…

Ha realizado un “enroque largo” con Godfrey y George Chichester, ha soportado todo tipo de torturas en la torre de su rival y ya tiene preparado el que será, casi con toda seguridad, su golpe maestro: va a utilizar al mismísimo Sir Stuart Strange. Seguro que su “peón” Godders tiene mucho que ver en ello. Tampoco debemos olvidar los sutiles movimientos realizados para cubrir su retaguardia, las cartas ya redactadas para algunos de sus lacayos, la llave entregada a Robert y la información que Atticus obtendrá de Godfrey, acerca del paradero de Helga y Pearl. No obstante, sigue necesitando un barco. Creo que hasta Sir Stuart estaría complacido de proporcionárselo, con tal de quitarse de encima el peso de la bestia en que se ha convertido James; una carga que arrastra desde su pasado, que se hace ya insoportable y que muy bien podría significar su hundimiento y el de su Compañía, en un futuro, cada vez más cercano.

Aún así, hemos sufrido durante gran parte del metraje de este episodio. James se ha tambaleado en un hilo, durante más de doce interminables horas, en ese fino hilo que hay entre la vida y la muerte, bajo la atenta supervisión de un médico, para evitar que perezca antes de lo debido. Pero nuestro James, posee una extraordinaria resistencia al dolor.

Durante su tortura, James tiene la visión más extraña y variopinta de todas a las que hemos asistido hasta el momento, así vemos: unos esclavos tratando de escapar de la bodega (¿está James entre ellos?, las imágenes son borrosas…), el agua correr por la corteza de un árbol, el sol a través de las ramas del mismo, James caminando acechante por el páramo con una lanza en la mano, el cadáver de un cuervo en el interior de una jaula que cuelga de la rama de un árbol, James colgado de sus brazos por cadenas de una gran rama de un árbol, James cubierto de barro en mitad de un paisaje desértico, un esclavo luchando con unas cadenas en ese mismo paraje, el rostro de Zilpha sumergido en el agua, un grupo de anguilas, el rostro de Horace Delaney muerto con las dos monedas que cubren sus ojos, el rostro de su madre abriendo los ojos, las anguilas moviéndose de nuevo, un cuervo que acude a una de las manos de James colgado del árbol, el momento en que le graban a fuego en la espalda el símbolo del Sankofa, James cubierto de barro en mitad del páramo, James recibiendo el golpe del gigante de los americanos, cuando le cosía Dumbarton la herida, el rostro de su madre sumergiéndose en el agua, la cara de horror de Zilpha “violada” por el enmascarado que resulta ser Thorne Geary, dos calaveras cubiertas por gusanos, un ojo de asombro de ¿James?, y una bandera americana sumergida en el agua…

Inmerso en las visiones de James, envuelto en la opresiva y terrorífica atmósfera de tortura y muerte que transpiran los muros de la torre, la cabeza me ha dado vueltas y más vueltas, como el globo terráqueo del príncipe regente, quien en su aposento, espera la ansiada noticia de la rendición de James, que jamás se produce. En el fondo, creo que lo intuía desde el principio, y hastiado, ordena que le den lo que quiere. De ese modo, Sir Stuart Strange se reúne con Delaney en su celda, en privado; está desconcertado, no sabe lo que desea de él, las palabras de Keziah nos dejan con la miel en los labios y con una de sus mejores citas, a la espera de los acontecimientos que tendrán lugar en el último capítulo de esta magnífica historia:

“I have a use for you” (Tengo una tarea para vos)

¿Qué final tendrá escrito para esta historia James Keziah Delaney? ¿Uniremos todas las piezas del rompecabezas? Hmmm…

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