Review Spartacus: Victory

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“Ganar no siempre significa llevarse el premio de la conquista. Se puede ganar perdiendo. Y se puede perder a pesar de haber ganado”. Así empezábamos hace una semana la pre review de Victory, con la sensación de que el título sería una trampa casi tan elaborada como las que ha tendido Spartacus a Crassus en esta última y épica batalla. Por supuesto, no hubo victory para Spartacus ni para la mayoría de sus hombres, pero sí para los espectadores que hemos disfrutado de esta fantástica serie desde el primer día. Spartacus, la serie, no tendrá la trascendencia de gigantes como The Sopranos, The Wire o Six Feet Under, porque no juega en esa liga, pero se ha ganado un lugar de privilegio en la memoria de los aficionados a las series. Y no sólo a base de sexo y violencia, como advirtieron los que se bajaron del carro demasiado pronto. Para ellos no habrá gloria. Para ellos no hay victory. Para nosotros, una dulce y placentera derrota.

  • Episodio 3×10: Victory (series finale)
  • Fecha de emisión: 12 de abril

Dos cosas no me han gustado demasiado de la finale. Las diré pronto, así me las saco de encima y cuando lleguéis al final de la review, ya os habréis olvidado. Ja…

Primero de todo, el “homenaje” a Andy Whitfield. No sé si es una decisión de la cadena o es la propia familia del actor la que ha metido baza, pero a mi me ha parecido un recordatorio muy poco elaborado, muy pobre para lo que merecía la figura del hombre que nos unió a la causa spartaquiana. La serie no sólo hizo un complicado ejercicio de madurez y de humanidad dando tiempo a su actor principal para recuperarse del cáncer con una soberbia precuela, Gods of the Arena, que al final nos dio los mejores momentos de la serie, sino que también fue responsable con la multitud de fans que habían congregado tras la primera temporada y, sonido de caja registradora aparte, se embarcó en la desafiante aventura de cambiar a su líder. Andy Whitfield entregó su espada a Liam McIntyre y motivó una transición que a nivel de interpretación (aunque yo prefería a Andy) no ha sido tan dramática.

O sea, no cabe duda de que la serie ha tenido en cuenta a Andy Whitfield desde el primer momento, ¿no es un poco escaso ese segundo final en los créditos para despedirlo? Insisto: no sé si la familia ha intervenido o si ha sido una cuestión de la cadena, pero yo me esperaba algo más. Algo mejor.

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El segundo punto negro de Victory, a mi juicio, es que los esclavos no han sido los hombres de Spartacus, sino los guionistas. Esclavos de la Historia. Cualquier soporte que recreara la aventura del héroe tracio, cine o libros, coincidía en su final: la muerte. Al ser Spartacus, la serie de Starz, un rara avis dentro de la parrilla televisiva y de la propia narración histórica de los acontecimientos, esperaba que los guionistas se soltaran los corsés y nos explicaran su propia historia. Al final, al estar en cierta forma sujetos a la veracidad, se ha perdido algo de espontaneidad y el capítulo ha sido más previsible de lo que deseaba. En cualquier caso, que quede muy claro, ojalá que todas las historias que conocemos se contaran de una forma tan épica e inolvidable como lo ha hecho Spartacus.

I Am Spartacus! I Am Spartacuuuuuus! I Aaaaaam Spaaaaartaaacuuus! Los gritos con los que arranca el último episodio de la historia son mucho más que un homenaje al clásico de Stanley Kubrick. Representan también la primera táctica de Spartacus para confundir a las tropas romanas: si el objetivo no es uno, sino mil uno, dar con él cuesta mucho más. Pero es que, además, esos gritos ayudan a tejer un sentimiento de unidad dentro de las tropas de Spartacus que servirá más adelante para justificar la pasión por la lucha y la voluntad de dar su vida por la causa. Hay en todas las conversaciones del capítulo una trascendencia desconocida hasta la fecha, como si todos fueran conscientes de que, de una forma u otra, con más o menos heridas, al final del día serán libres. La mayoría de encuentros entre los protagonistas saben a pañuelo de estación, también las caras de los esclavos a los que no hemos puesto nombre, que consiguen crear una sensación de satisfacción, de reposo, de calma… de paz. Igual que en la derrota se puede encontrar el premio, en plena guerra se puede dar con la paz. Todo eso le sienta muy bien al último capítulo, cuyo objetivo esencial debe ser precisamente ese: ejercer de final.

La causa spartaquiana acaba en Marcus Crassus, pero ha arrasado por el camino a un lanista, a mercenarios, a comandantes, a tropas romanas, a legiones y a hijos de los hombres más ricos de Roma. Poniendo en una balanza los muertos de un lado y los del otro, creo que Spartacus puede sentirse muy satisfecho. En base a eso, al daño que ha hecho a Roma, a su legado y a todo lo que dice Agron al final del capítulo podemos entender el título, Victory, a pesar de que la derrota haya sido dolorosa.

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Hemos perdido, pero qué bien nos lo hemos pasado… Desde el principio, desde que Spartacus lanza a sus hombres contra el doloroso muro de la verdad, hasta que vemos el improvisado escudo que Nasir ha hecho para Agron como símbolo del descanso eterno del héroe. Porque a Spartacus no lo “entierran” con su espada ni con su escudo, ni siquiera con el cordón de Sura, sino con el escudo del único gladiador que sobrevive a la matanza final. Con el único escudo que ha soportado todos los golpes de Roma y sigue vivo para contarlo. Con el escudo de la victoria. Desde la escena inicial en que Spartacus charla con sus hermanos hasta ahí, hasta el final de la serie, Victory es una auténtica gozada. Un capítulo épico.

¿O no es épico ver cómo Kore y Caesar llevan a Crassus el cadáver de su hijo? ¿O no es épico cómo Kore se libera por fin de su carga y le cuenta la verdad a su dominus? ¿O no es épico ver a Agron, con las manos inútiles por su crucifixión, armado con un escudo que sostiene con el antebrazo que ha estrechado tantas veces con sus hermanos esclavos? ¿O no es épico ver a Gannicus asumiendo su puesto de general y liderando un ejército? ¿O no es épico, a la par que placentero, ver a Crassus destrozando la máscara de Tiberius, su indigno hijo al que jamás podrá castigar por sus pecados? Por cierto, tal vez por eso, porque no hay “documentos” que lo certifiquen, la Historia no se acuerda de Tiberius… Aunque para épico, disculpadme por el uso reiterativo de la palabra, el merecido y necesario cara a cara entre Spartacus y Crassus. Los hemos visto moverse sobre el mapa, en un apasionante combate estratégico, los hemos visto muy lejos y muy cerca, como en Sinuessa, pero es en Victory donde descubrimos que Marcus Crassus y Spartacus no son tan distintos. Hombres de honor, capaces de apretar los dientes o de mirar a otro lado si la escena lo requiere, ambos han luchado por una causa que consideran noble: uno, la libertad; el otro, su honor y la integridad de Roma.

Ese cara a cara funciona como el clásico encuentro entre los boxeadores, horas antes de que se vean las caras de verdad en el ring. Es una primera toma de contacto en la que se puede empezar a ganar o a perder la guerra. Después de rechazar cualquier posibilidad de llegar a un acuerdo (ja, ilusos), Spartacus asegura que irá a por el cuello de Crassus y su promesa nos suena a fanfarronada… hasta que lo vemos remontando esa colina con los ojos en llamas y las hojas de sus espadas sacando los dientes, ávidas de sangre noble. Ahí nos levantamos de la silla y aplaudimos. Qué menos.

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Con la mitad de las tropas del tracio en retirada, Spartacus afronta la batalla final en clara desventaja. La espantada de Crixus ha acabado siendo decisiva en el devenir de la guerra. Nunca sabremos qué habría pasado si The Undefeated Gaul y su ejército de valientes se hubieran quedado al lado de Spartacus. Posiblemente el resultado habría sido el mismo, pero es casi seguro que la estrategia de Spartacus habría sido otra, porque la que ha puesto en práctica sólo ha tenido un defecto: falta de efectivos. El esclavo le gana la partida táctica a Crassus, que una a una va cayendo en todas sus trampas: desde el foso, que ha sido una delicia visualmente, hasta la llegada de Gannicus por el flanco débil de Marcus, que ha obligado a que los romanos mataran a otros romanos para asegurar la victoria.

Si la serie había alcanzado su Everest de calidad en la finale de Gods of the Arena en lo que a combates cara a cara se refiere, en Victory se doctora en grandes batallas. Un espectáculo visual, sin más. Orgásmica en la mayoría de momentos, ligeramente decepcionante en otros. Y me explico: creo que al capítulo le han faltado minutos para dedicarle a sus protagonistas, en especial en lo que a las muertes se refiere. Me gusta, me encanta, la muerte de Lugo, que envuelto en llamas sigue golpeando romanos con su mazo. Y no me importa que Castus haya caído de una forma tan anticlimática, al fin y al cabo nunca compré su historia. Pero para Naevia y para Saxa sí imaginaba otro tipo de despedida, con más glamour, con toda esa épica que sí ha tenido, por ejemplo, la última escena de Gannicus en el campo de batalla. O sea, deseaba que Gannicus fuera el elegido por los guionistas para salvar el pellejo (por encima de Agron, claro), pero viéndolo rodeado de tropas romanas, repartiendo espadazos a uno y otro lado, sin rendirse, deseando que le dieran la estocada final que merecía un guerrero como él, creo que ha valido la pena. Esos instantes que se ha ganado Gannicus por su enoooo[….]ooorme carisma, son los que no han tenido Naevia y Saxa. ¿Por qué? Igual la respuesta la tengo unas líneas más arriba, donde digo que los romanos eran demasiados para los esclavos. Con tanto enemigo, lo más normal es que los gladiadores cayeran por la suma de golpes, no porque fueran inferiores en el combate cuerpo a cuerpo. Para la historia quedará, al menos para la que cuenta Starz, que jamás un gladiador perdió un uno contra uno ante un romano. Bien, eso sí me gusta.

Gannicus. Qué claramente haría un spin off de este personaje y no de Crassus o del muy ausente Caesar. A ojos de los romanos, Gannicus se ha despedido como un traidor, colgado en una cruz, y como una advertencia para futuros rebeldes. Para él y para todos nosotros, el héroe de Gods of the Arena se ha marchado en medio del estadio aclamado por el pueblo romano y con la sonrisa en forma de bendición de su mejor amigo, Oenomaus: “bienvenido a la gloria”, parece decirle. Aquí sí, aquí sigues siendo el mejor gladiador que ha visto Roma. Y con eso nos quedamos.

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De la secuencia final entre Crassus y Spartacus sólo vamos a destacar su belleza. Spartacus ha conseguido algo muy complicado, que es no parecerse a ninguna otra producción que tratara temas similares, como Gladiator o 300. El estilo Spartacus explota todas sus virtudes en la batalla a muerte entre los dos líderes. Es una lucha made in Spartacus, con la sangre liquidísima del primer día, pero con un puntazo emotivo y una armonía visual que no vemos en ninguna otra serie o película. Es brutal, es salvaje, es muchas veces gore, pero también es extrañamente bello. A hacer enorme esa batalla contribuyen Simon Merrells, al que hemos admirado desde el primer día, y Liam McIntyre, que en War of the Damned ha demostrado por qué era el sustituo ideal de Andy Whitfield… a pesar de que gente como yo lo criticara en su momento. Fantásticos ambos. Una lucha maravillosa. Y, otra vez, aunque decepcionante, muy adecuado que la muerte le venga a Spartacus por la espalda. Era imposible, ¡imposible!, que Crassus venciera a un gladiador tan experimentado como Spartacus, aunque éste llevara en su piel todas las heridas del mundo. Si cayó Theokoles, aquel gigante de otro planeta, cómo no iba a caer un humano como Marcus Crassus…

Cae Marcus Crassus colina abajo y salva su vida, como era de esperar. Y llega Agron justo a tiempo para llevarse a Spartacus lejos del caos, donde pueda marcharse en paz. Paz, otra vez. La paz es la victoria. Verlo en el suelo, rodeado de los esclavos que se han salvado (Laeta, Sybil, Nasir…), con un bebé que ha nacido libre y con su “hermano” Agron derramando las lágrimas de todos los espectadores, es justo lo que necesitamos. No, no queremos saber su nombre real. Esta es la historia de Spartacus, no de ese tracio al que le arrebataron la libertad y a Sura, lo que más quería. Aquel hombre, aquel nombre, se murió aquel día. Por eso Spartacus se guarda su identidad para el otro mundo, donde podrá volver a ser quien fue, al lado de Sura. En este mundo no, porque en este mundo siempre será Spartacus. Ese es el último deseo de un hombre engullido por sus ideales.

Al otro lado, con la victoria en la mano pero la derrota en el corazón, aparece Marcus Crassus. Era tan pobre que sólo tenía dinero, podemos pensar de él: ha perdido a su hijo, ha perdido a Kore e incluso le han arrebatado el premio de la victoria, que recae en Pompeyo. Si no nos queda sensación de cierre en toda esa historia… misión cumplida: Starz se planteará seriamente lo del spin off del dúo Crassus-Caesar. Y yo estaré allí para verlo, ya os lo adelanto.

Cerramos. Con sus puntos débiles, Victory es uno de los mejores capítulos de lo que llevamos de año y supone un gran final para una serie que no ha hecho más que crecer desde su piloto. Ha sido un viaje fantástico, muy emocionante y sobre todo épico. Sí, otra vez épico, lo siento. Pero es que ya me imagino el pack de toda la serie, en forma de casco de gladiador, en mi estantería convertida en altar, al lado de Six Feet Under, de Carnivàle, de The Wire y de todas esas joyas de la televisión actual que deben permanecer en el recuerdo. Porque cayó Spartacus y luego cayó Roma, pero nunca se olvidó la historia del esclavo tracio que murió por la libertad. I am Spartacus!

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5
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138 comentarios

  1. pssss demasiado malo el final no tiene cienciA NI nada que malo final deberia de llamarse derrota de ambos ninguno gano nadie fue victorioso…. malo malo ademas que spartacus no merecia ese final merecia victoria hasta acabar con el mundo

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