Review Spartacus: Separate Paths

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Aclamados por el pueblo de Capua, rozaban la gloria con la palma de una mano. La otra posiblemente estaba herida o demasiado cansada de sostener la espada después de una maratoniana lucha por la supervivencia. Viéndolos ahí, en medio del estadio, torso musculado, llenos de sangre y rodeados de cadáveres, nos creímos que eran inmortales. Idolatrados por su ejército, saboreaban la victoria después de cada batalla contra los romanos, que parecían niños luchando contra hombres. Viéndolos ahí, en medio de un escenario lleno de enemigos caídos, con la espada mirando al cielo y los ojos llenos de fuego, nos creímos que eran inmortales. Respetados y temidos por su peor enemigo, soñaban con el triunfo y se acercaban a él en cada paso. Viéndolos ahí, golpeando el suelo con sus escudos y haciendo retumbar las murallas de Roma, nos creímos que eran inmortales. Y creímos mal…

  • Episodio 3×08: Separate Paths
  • Fecha de emisión: 22 de marzo

Se titula Separate Paths, pero bien podría haberse bautizado Crónica de una Muerte Anunciada. Quien más, quien menos, conocía la historia de Spartacus, se la habían contado o había visto la película de Stanley Kubrick protagonizada por Kirk Douglas que la recreaba. Qué narices, sin tener la más remota idea de lo que sucedió, era evidente que los gladiadores firmaron su sentencia de muerte el día que se enfrentaron con el poder establecido. No se puede vencer al poder porque tiene más dinero, más experiencia, más recursos, más hombres y menos escrúpulos para salir victorioso de cualquier batalla. Aún así, aún sabiendo que toda esta historia tendría un final amargo, aún notando el aroma a despedida del capítulo y aunque cada escena hubiera comenzado con la frase “el día en que lo iban a matar”… la (primera) despedida de nuestros héroes no ha podido ser más dolorosa. Sí, épica también, pero sobre todo profundamente triste.

Separate Paths, no nos equivocamos, es el capítulo en que Crixus y Spartacus toman caminos distintos. Sus diferencias de criterio sobre el rumbo de la rebelión nos han acompañado desde que empezó War of the Damned y su rivalidad es notoria desde el día que se conocieron. De la misma forma que la rebelión estaba condenada desde el primer minuto, la relación entre ambos parecía pender siempre de un hilo. La serie rompe ese hilo con acierto y con mucho más tacto del que podríamos esperar. Sin gritos, sin golpes, sin espadazos y sin amenazas. Sólo con palabras. Palabras de complicidad que van en una y en otra dirección y que tienen todo el sentido del mundo dentro de un grupo que se siente libre y proclama su libertad a los cuatro vientos. No era propio de Spartacus que retuviera a Crixus en contra de su voluntad, aunque es cierto que el líder tracio sólo ha dejado escapar a su mano derecha cuando ha visto que la guerra ya estaba perdida. Spartacus accede porque se da cuenta de que, llegados a ese punto, la decisión sobre sus vidas sólo puede depender de cada uno. Crixus está dispuesto a dar la suya para seguir zarandeando los cimientos de Roma y Spartacus cree que su pueblo se ha ganado el derecho a empezar una nueva lejos de las garras de Marcus Crassus.

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Los libros de Historia explican el capítulo entre Crixus y Spartacus de otra forma, como la de un matrimonio mal avenido cuya relación acaba como el rosario de la aurora. Celebro que la serie se tome la licencia (otra más) de despedir a sus dos grandes protagonistas con un apretón de antebrazos. Primero, porque no creo que nada estreche más los vínculos entre dos personas que compartir comida y techo con el que está dispuesto a morir por ti y por tus ideales. Segundo, porque esas emotivas escenas de despedida nos han permitido ver las mejores interpretaciones de Manu Bennett y Liam McIntyre, que casi siempre han recibido palos por su inexpresividad y sus dos caras (enfadado y muy enfadado). Y tercero, porque en todas esas escenas ha flotado un aroma a primera temporada (mención a Batiatus incluida) que ha sumado el punto de la nostalgia y que le ha sentado de maravilla al episodio. Jo, es que ha sido un capitulazo…

Crixus se suelta de la mano de Spartacus, decíamos. Y con él se lleva a un buen puñado de hombres y mujeres entre los que destacan dos nombres: Naevia y Agron. No sería justo menospreciar la valentía y fidelidad de Naevia a su amante y a los ideales de la rebelión sólo por que el personaje nos haya molestado muchas veces este año. Naevia es, detrás del galo, la primera en cargar contra el enemigo y la que grita con más fuerza la palabra venganza. Nadie mejor que ella conoce las desgracias del esclavo romano. Porque las ha sufrido todas. Naevia ha mantenido la coherencia hasta el último momento, cuando se habrá arrepentido una y mil veces de no haber hecho caso a Spartacus. Arrodillada en medio de las legiones romanas, se habrá imaginado en algún lugar muy alejado de allí, envejeciendo con Crixus. Su destino es una incógnita, aunque el hecho de que Crassus haya decidido perdonarle la vida huele a cebo para Spartacus: “mira lo que hemos hecho con tu gente”.

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El otro nombre propio es el de Agron, al que la mayoría situábamos al lado de Spartacus y de Nasir hasta el final. Agron ha sido la verdadera mano derecha de Spartacus en la guerra: Crixus siempre fue demasiado osado y Gannicus demasiado despreocupado. Agron fue el más templado, el más justo y el más fiel a la ideología spartaquiana de todos los generales. Aportó estabilidad y sentido común a los rebeldes y nunca dio un paso atrás en la guerra. Su decisión de seguir a Crixus, con el que ha mantenido serias diferencias a lo largo de la serie, me ha desconcertado. ¿Por qué, Agron? Se me ocurren varias razones, como que se haya cansado de huir, que quiera dar su vida por la remota posibilidad de salvar la de Nasir, que crea que el propio Nasir le ha traicionado (o lo acabará haciendo) o que tenga una deuda con Crixus. O igual es que llega un punto en la guerra en que la única motivación que existe es la de la muerte. Ningún escenario me parece más prometedor que la idea de correr hacia la libertad al lado de Nasir. Pero Agron decide irse. Y Spartacus lo respeta, por supuesto, porque ya hemos dicho que se ha dado cuenta de que la vida de sus hombres ya no depende de él.

El seguimiento al avance de las tropas de Crixus, [offtopic] que me ha recordado a los viajes del juegazo Indiana Jones and the Fate of Atlantis [/offtopic], no es la mayor demostración de efectos que se ha hecho en la serie, pero es bastante efectivo. Sangre, fuego, destrucción y la inequívoca sonrisa final de Crixus, que indica que las cosas van bien. El ejército rebelde llega hasta los alrededores de Roma, desde donde seguro escucharon los gritos de unos “simples” esclavos que querían cambiar el mundo. Pero Crassus, quién si no, llega a tiempo para evitar la caída de Roma, que seguramente habría significado también la derrota en la guerra. Tan cerca, tan lejos. Cuando vemos el multitudinario ejército de Crassus valoramos el miedo que crearon los rebeldes en la poderosa Roma, pero también bajamos los brazos (nosotros también clamábamos venganza) conscientes de que… bueno, se acabó. Se acabó para Agron, que desafía a Caesar justo cuando aparece Tiberius a caballo para poner fin a su vida (?), ganarse un puesto de honor entre los personajes más odiados y privarnos de una verdadera batalla entre hombres. Y se acabó para Crixus, cuyo final es digno de un guerrero legendario. Su muerte es cruel y menos épica de lo que nos esperábamos, pero en la tumba de The Undefeated Gaul podrá poner que nadie le venció jamás en un combate hombre contra hombre. Sí, lo eliminó una rata de cloaca por la espalda (le encanta ir por detrás a este chico), pero ya sabéis que la historia no la escriben los héroes ni los valientes. La escriben las sucias ratas como Tiberius, al que encima le ha correspondido el placer de cortarle la cabeza a Crixus. La guerra es cruel. La serie es cruel.

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Pero que nadie lo dude: a Tiberius le llegará su hora. Su función en los últimos cuatro capítulos ha sido básicamente la de reunir odios: Kore, a la que humilló y violó; Caesar, al que ha hecho exactamente lo mismo (qué heavy e inesperada su violación); Crassus, aunque éste todavía no lo sabe; los rebeldes, que ya le odiaban desde el día que nació; y la audiencia, que espera con un tanque de palomitas la escena de su dolorosa, humillante, despiadada y lenta muerte. Es más, le pido a la gente de Starz que repita esa escena dos o tres veces seguidas dentro del propio capítulo, para que podamos recrearnos.

La escena final ha eclipsado todo lo sucedido con anterioridad, pero no podemos olvidarnos de Kore, que ha empezado a ganarse el respeto de los rebeldes y que jugará sus cartas en los dos últimos capítulos. Desconfiamos de su huída, pero al final resulta que vivir al lado de Tiberius le parecía mucho peor que el 1% de posibilidades de sobrevivir que le ofrece Spartacus. Y no la culpamos. También debemos mencionar el triángulo amoroso Agron-Castus-Nasir, aunque en este caso no precisamente para bien: ¿por qué la serie habrá desperdiciado tanto tiempo en ello? Al final los celos ni siquiera han sido la causa de la marcha de Agron… o yo no lo he entendido así. Tampoco me quiero olvidar del nuevo Crassus, lleno de ira por la mal entendida traición de Kore. Ni de Gannicus y Sybil, que empiezan su romance en muy mal momento (ay, qué mala pinta tiene) y que han encontrado en Saxa una empatía alucinante. Véngase conmigo, señora germana. Y de Caesar, del gran Gaius Julius Caesar, cuyas heridas (me la juego) serán la leña que prenderá el fuego en el que arderá Tiberius. Por cierto, ¿recordáis que Gannicus y Caesar tienen una batalla pendiente?

Separate Paths es un capítulo tan glorioso que ni siquiera vamos a comentar el traspiés de enrollar a Spartacus y Laeta. No merece la pena. Dejémoslo en que ha sido un ataque de amnesia más un calentón. Sí me habría gustado que le dedicáramos algo más de tiempo, un capítulo entero quizás, a las campañas de Crixus, pero no es precisamente tiempo lo que le ha sobrado a esta serie: 37 episodios en más de tres años. Una realidad que nos invita a recordar a Andy Whitfield, más añorado que nunca en este episodio. Un grande. No olvidéis que Spartacus se toma una semana se descanso: el penúltimo episodio de la serie se emitirá el 5 de abril. O sea, una semana extra para llorar a Agron y a Crixus…

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