Review Sherlock: The Six Thatchers

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Año nuevo, temporada nueva. Abrimos este 2017 dando la bienvenida a la cuarta temporada de Sherlock. ¡Cuánto te hemos esperado! Con su gran reparto y su adictiva adaptación del mítico personaje, el listón se ha puesto muy alto. ¿Ha merecido la pena tanta espera? ¿Estará esta nueva temporada a la altura de nuestras expectativas? ¿Habéis visto ya The Six Thatchers? ¿Lo comentamos?

Al principio nos sirven una escena de apertura en la que posicionan la historia enlazándola con el final de la temporada anterior, aquella que acababa en 2014 en su capítulo His last vow con un Sherlock ejecutando a sangre fría a Magnussen rodeado de las fuerzas especiales británicas. Ahora, con ayuda de su hermano Mycroft y su equipo de inteligencia, intentan “pulir” los acontecimientos para poder arrojarlos a la luz pública y que el menor de los Holmes salga limpio e impune.

Por su parte, nuestro amigo Sherlock acude a la cita bastante colocado y twiteando sin parar, dos de sus peculiaridades que nos hacen ver que el personaje está en plena forma. Sin embargo, y a pesar de sus dotes deductivas, hay que señalar que somete a la anciana Vivian Norbury, que hace de secretaria del equipo de inteligencia, a un breve interrogatorio. ¿Notaría ya Holmes en ese momento que la Sra. Norbury era la más cuidadosa guardando sus secretos?

La escena no ha estado mal, pero lo que nos ha hecho despegar ha sido su final, cuando le preguntan por Moriarty. Sherlock afirma que murió en aquella azotea (yo sinceramente no apostaría todo mi dinero) y que ha preparado un juego postmortem que él se limita a esperar que comience, cada vez más ansioso en su espera, y ¿sabéis por qué? Él mismo lo dice: “Because I love it”. En ese momento y con el subidón de la musiquita de la entradilla, casi me pongo a aplaudir y a vitorear. ¡Ha vuelto! ¡Sherlock ha vuelto!

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Había un mercader en el famoso bazar de Bagdad. Un día vio cómo un forastero lo miraba con sorpresa. Y supo enseguida que aquel forastero era la muerte. Pálido y tembloroso, el mercader salió del mercado y recorrió miles de kilómetros hasta la ciudad de Samarra, pues allí estaba seguro de que la muerte no lo encontraría. Pero cuando finalmente llegó a Samarra, el mercader vio que la funesta figura de la muerte lo esperaba. “Muy bien”, dijo el mercader. “Me rindo, soy todo tuyo. Pero dime, ¿por qué te sorprendiste esta mañana cuando me viste en Bagdad?” Y la muerte contestó: “Porque tenía una cita contigo esta noche, en Samarra”.

Alrededor de esta fábula se construye el episodio y muy probablemente la temporada entera, ya que en ocasiones el destino es inevitable, y en otras, somos nosotros mismos los que, intentando evitar algo, lo provocamos. Pero vayamos por partes.

En esta historia hay un personaje nuevo. La hija de Watson y Mary, a la que llamarán Rosamund en honor al verdadero nombre de su madre antes de convertirse en una peligrosa mercenaria. También hemos conocido a Toby, el perro rastreador, aunque su aportación a la historia ha sido más bien escasa.

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Mientras tanto, Sherlock se entretiene resolviendo miles de casos para la policía Londinense, tantos que los agentes se le amontonan en la puerta para pedirle consejo. Hasta que en uno de los casos de Lestrade encuentra algo, algo que no encaja, que le llama la atención, que le produce “un cosquilleo en los pulgares”, un cabo suelto. Su hermano mayor le pregunta si está teniendo una premonición, a lo que él contesta: “En el mundo se entrelazan miles de millones de vidas, que se cruzan. Lo que llamamos premonición no es más que un movimiento de esa red. Si pudiéramos reducir cada una de las ondulaciones de los datos, el futuro sería totalmente predecible. Tan inevitable como las matemáticas.” Filosofía Sherlock a tope. Así llega al caso que da título al episodio, The Six Thatchers. Una leve modificación con respecto al título de la historia original escrita por Conan Doyle que se titulaba The Six Napoleons, cambiando los bustos del Emperador francés por los de la Dama de Hierro. Excepto ese detalle, y el hecho de que en uno de los bustos se escondía algo, el resto de la historia no tiene nada que ver con la original. Como guiño han metido a Craig, el hacker que ayuda a Sherlock, diciendo que ahora hay una nueva corriente llamada “Ostalgia” basada en el coleccionismo de objetos relacionados con el comunismo y la Guerra Fría, “Hoy Thatcher es como Napoleón”, dice.

Con Sherlock en pleno énfasis creyendo ya que todo formaba parte del juego final de Moriarty, descubre que las señales esta vez no apuntan hacia él, sino hacia Mary, que ve cómo su pasado vuelve para vengarse, y arrebatarle todo. Como parte del equipo A.G.R.A., Mary trabajó en una misión en Tiflis, lugar donde se hicieron los bustos de Thatcher y donde su equipo fue traicionado. Un superviviente de aquella misión creyó que Mary era la traidora, pero se equivocaba, era alguien más escondido en la sombra y con una apariencia mucho más inofensiva, alguien que actuaba bajo el seudónimo de Ammo. Durante esta parte, debo decir que personalmente algunas cosas me han parecido un poco cutres, como la voz del policía desde fuera tras la pelea con Sherlock, o la propia misión en Tiflis. En general es una especie de neblina que cubre el episodio entero, como de ser demasiado simple en la puesta en escena o de gozar de un limitado presupuesto que les hace buscar soluciones rápidas y sencillas que en mi opinión chirrían un poco y le restan algo de calidad a la serie. Esto también se ha notado bastante en la parte final del episodio, que comento a continuación.

Viendo la situación que se le viene encima, Mary se embarca en un viaje alrededor del mundo para escapar de la muerte. Pero tal y como le pasaba al mercader de Bagdad en la fábula, su destino le perseguirá allá donde vaya. Con esto llegamos a la escena final, donde la desenmascarada traidora, la anciana secretaria Vivian Norbury, alias Ammo, quiere poner fin a su vida como espía matando al único hombre que ha sido más inteligente que ella, Sherlock Holmes. Pero la muerte no tenía una cita con él, sino con Mary, que muere de la forma más típica que se puede morir en el cine, saltando delante de Sherlock para recibir ella la bala y dando las gracias a Watson por su amor justo antes de morir. Sólo le ha faltado saltar a cámara lenta gritando “¡Nooooo!” y hubiera sido la escena más tópica de la historia de la serie. Después, su agonizante discurso de despedida a Watson me ha parecido también bastante típico y falto de convicción. La escena acaba con un intento de interpretación dramática por parte de Martin Freeman (Watson) en la que intentan que el espectador sienta el dolor y la rabia que el doctor arroja contra su compañero, el cual prometió protejerles. Es un buen intento, Martin Freeman me parece un excelente actor, pero no.

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El clima de simpleza general no me ha permitido empatizar ni con Watson, ni con Sherlock, cuyo sentimiento de culpabilidad le lleva a la consulta de una psicóloga. ¿En serio? ¿Sherlock Holmes en el psicólogo? Personalmente es algo que no me encaja con el personaje, Sherlock no es que se crea superior a los demás, es que sabe que es superior, y todas las taras sentimentales le parecen una pérdida de perspectiva, es por eso que me resulta un poco extraño que acuda a pedir ayuda a un psicólogo. Puede tener su lógica si piensas que la absoluta falta de práctica en las relaciones sociales de Sherlock le pueden llevar en una situación así a verse totalmente perdido con respecto a qué hacer para ayudar a su amigo John, pero aún así, me chirría un poco verle sentado en aquella consulta.

En general, como digo, el episodio me ha decepcionado un poco. Ha tenido cosas buenas, como siempre, y la añoranza que sentíamos por la serie nos ha hecho disfrutar del regreso de Sherlock, pero creo que hablo en nombre de todos cuando digo que esperamos más, bastante más. La muerte de Mary me ha dejado un poco indiferente, nunca me acabó de encajar en el papel de peligrosa agente secreta, y dudo que la vayamos a echar de menos. Tampoco creo que Watson vaya a extrañarla durante demasiado tiempo, viendo el mar de mentiras en el que se había desarrollado la relación, y los ya evidentes flirteos que el Dr. mantenía fuera del matrimonio (otra de las escenas que me ha parecido un poco simplona). Lo que sí puede suponer un aliciente para la serie puede ser la relación de rencor que se pueda crear entre ambos protagonistas, además del poso que deja la posibilidad de que todo esto sea ya parte del juego final de Moriarty. Recordemos el lema de esta cuarta temporada “Esto ya no es un juego”, y es que cada vez es más evidente que la aparición del genial archienemigo es lo que más ansiamos en esta temporada. Como el mercader de Bagdad, parece que Sherlock se aproxima a un final inevitable, un último enfrentamiento con Moriarty que podría acabar de la peor manera.

Nota del autor
2.5
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3 comentarios

  1. iVerdi

    Este primer episodio si fue algo flojete, muy forzado todo, muy mal nos tienen acostumbrados.
    Por mi parte, solo las ganas de verlos de nuevo a todos en accion fue lo que salvo el capitulo…
    Ahora el segundo…ojito que capitulazo.

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