Review Lie to Me: Life is Priceless (1×09)

¡Ay, el amor! El amor es… es como… Lo siento, pero ahora mismo no tengo palabras para explicar qué es eso. Asà que para definir el concepto recurriré a nuestra actual mayor fuente de conocimientos, a la biblioteca de AlejandrÃa del siglo XXI: Wikipedia. Según ella, el amor es un término universal relativo a la afinidad entre seres, que está relacionado con el afecto y el apego; y que es resultante y productor de una serie de emociones, experiencias y actitudes. Todo palabrerÃa. El amor es un sentimiento que escapa a la razón… aunque hay dos buenas razones que lo suelen condicionar: la belleza y el dinero. SÃ, aunque parezca mentira, hay insensibles que dan preferencia a la economÃa o al aspecto fÃsico por encima de todo lo demás. ¿O sino cómo es posible que atractivas treintañeras acaben con decrépitos sexagenarios como don Flavio Briatore o Silvio Berlusconi? Bueno, en el caso de Il Cavaliere, sus vÃctimas son menores… menores de treinta, pero siempre dentro de la legalidad, ¿eh? Ejem, cambiemos de tema antes de que clausuren Todoseries por mi culpa…
Pues eso, al tema. La eterna polémica sobre las relaciones de conveniencia queda retratada en este episodio lleno de amor (con todas sus acepciones): tenemos a un muchimillonario, creador de una de esas famosas redes sociales de Internet, que sospecha que su amada sólo le quiere por su dinero. Y su intención es la de descubrir, con la ayuda de Lightman, si la relación es “pura” (con muchas comillas, que eso ya no se lleva) o interesada. ¿Pero desde cuándo Cal y compañÃa pierden el tiempo con problemas tan intrascendentes? Pues desde que un señor te viene con un cheque con más ceros que el expediente académico de PaquirrÃn. Todos tenemos un precio, queridos.
El dinero no da la felicidad… ya, mira qué cara de “amargado” tiene el tÃoTras conversar Torres con la mujer que supuestamente finge (nos referimos a sentimientos) llega a la conclusión de que el dinero era algo importante para ella, pero que también habÃa algo de sentimiento auténtico. FaltarÃa más. Se podrÃa decir que la innata ve el vaso medio lleno. En cambio, Loker lo ve medio vacÃo, y con la sinceridad que le caracteriza le comunica al millonario que lo que más le gustaba a su novia de él era su dinero. Éste se queda hecho un lÃo, hasta que Torres da su particular visión del amor: cree que la persona y sus circunstancias son inseparables, que el dinero de este tipo era un rasgo más de su ser y que cuando se quiere, se quiere a un todo no a una parte. A mà no me convence mucho, pero al millonario se ve que sÃ.
Y es que el amor es un sentimiento muy complejo. Se puede estar enamorado de una persona, pero también de un cuadro, de una canción, de una pelÃcula, de un libro, de un redactor de Todoseries, de un paisaje e incluso de una ciudad. Y cuando digo estar enamorado de una ciudad no me refiero a esa clase de gente que luce camisetas o gorras de I love New York cuando lo más cerca que han estado de allà es cuando vieron la última pelÃcula de Woody Allen. A lo que importa, ¿quién puede amar más una ciudad que su propio alcalde? Fijaos sino en el alcalde de Madrid, el señor Gallardón, y los continuos retoques a los que somete a su ciudad para embellecerla y tenerla contenta. Hay quien piensa que quiere convertir Madrid en el campo de golf urbano más grande del mundo (por lo de los agujeros y tal) pero no. Ya se sabe que para presumir hay que sufrir, algún dÃa será olÃmpica y todo habrá valido mucho dine… mucho la pena, querÃa decir.
Algún dÃa Madrid será olÃmpica. O no, porque pronto va a tener una nueva competidora: Frostburg. ¿No os suena, verdad? Ya os explico yo algo sobre ella, para que luego no digan que estos posts no son didácticos. Pues es un pueblo americano. Y hasta aquà la información didáctica. Sigamos. En Frostburg se construye una fábrica que iba a ser el empujón que necesitaba el lugar para relanzar su economÃa. Hasta aquÃ, bien. Pues no. Supongo que los más avispados del lugar habréis notado que he utilizado tiempos verbales en pasado, y es porque el proyecto duró en pie lo mismo que durarÃa yo si me enfrentara en un combate de boxeo contra Alà (el de ahora, ya ni os cuento el de hace 50 años). Y no se vino abajo por efecto de la recesión económica (también llamada a mala fe crisis), sino porque verdaderamente se derrumba, se viene abajo atrapando entre los escombros a tres trabajadores.
En las primeras investigaciones se atribuye todo a un fallo humano, y asà parece ser. Pero Lightman nunca da nada por sentado, asà que lanza la hipótesis del boicot. Lo aceptamos porque lleva ocho capÃtulos resolviendo casos sin fallar en ninguno. Pero si hay intencionalidad, ¿de quién es culpa? ¿Del jefe de la obra, como venganza a las reivindicaciones laborales de sus trabajadores y para librarse del marido de su amante? ¿Del marido enfermo que quiere quitarse la vida para cobrar el seguro? Pues sÃ, todo apunta a un boicot de alguno de esos dos, pero el ingeniero del ayuntamiento de Frostburg se muestra nervioso en todo momento y Cal se percata. Finalmente este acaba confesando que la zona habÃa sido un antiguo vertedero y que el incidente se originó por manipular una bolsa de gas.
Lightman y Foster le hacen saber al responsable del rescate que hay un enorme peligro, pero éste saca su lado héroe y mete la taladradora… Ya no hay marcha atrás posible, porque sale volando nada más introducir la puntita (de la taladradora… del aparato… bueno, ya me entendéis). Foster aporta una estadÃstica que nos sirve para ilustrar el tema: de cada nueve bomberos que mueren, ocho son americanos. ¿Por valientes? ¿Por inútiles? Aquà se nos da a entender la segunda explicación, pero yo no digo nada, no sea que algun dÃa necesita la ayuda de algun fireman yankee.
Frostburg despidió a sus ilustres visitantes con unos bonitos fuegos artifi… realesPor lo que parece, el ingeniero no era el único que sabÃa que podÃa ocurrir un desastre con lo del gas. ¿Y quién estaba por encima de él? Pues la alcaldesa. Ésta tuvo, como Gallardón, una corazonada: pensó que con una obra de tal magnitud ganarÃa prestigio su ciudad… y ella. Asà que señora alcaldesa de Frostburg y señor alcalde de Madrid: déjense de corazonadas y básense en realidades, que sus conciudadanos se lo agradecerán.
Y llegamos a la escena final, que es siempre un momento de reflexión y de balance. En esta ocasión, Foster y Cal discuten sobre la naturaleza de la mentira y cómo un engaño lleva a otro hasta acabar causando grandes males. ¿Pero qué serÃa de un mundo sin mentiras? Pues un mundo sin prensa del corazón, sin Lie to me… y sin polÃticos, claro.
Nota del capítulo:
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Nobody | 31 de octubre de 2009 | 10:13 am
Grandes reviews. Me parto de risa con ellas.
cangreja_96 | 31 de octubre de 2009 | 10:18 am
muy buenas las refernecias a madrid
desmond | 31 de octubre de 2009 | 10:28 am
sigue asi con estas reviews! saludos!
wannacopyme | 31 de octubre de 2009 | 1:22 pm
Nadie se ha fijado en el cabezón que se le ve al protagonista en la foto de la entradilla? Jajaja
lea-asun1 | 31 de octubre de 2009 | 9:02 pm
Me gusta el resumén.
No sé si son cosas mÃas, me parece que se parece (no fisicamente) a Cameron o a la 13 de Doctor HOuse, pues intentan a toda costa llevar la contraria, piensan que tienen razón.