Review Fringe: Worlds Apart

La cuenta atrás hacia el final de temporada (que, por suerte, no de serie) ha comenzado. Tras Worlds Apart son sólo dos más los episodios que nos quedan hasta el año que viene. Y, sin olvidar la trama que descubrimos en Letters of Transit, esta semana regresamos a lo nuestro, a lo de siempre: David Robert Jones cada vez está más cerca de conseguir llevar a cabo unos planes que aún no terminamos de comprender del todo, y el tiempo se acaba… Pero no adelantemos acontecimientos, que para eso está la review. Sin embargo, dejadme decir (una vez más) que adoro a estos actores. Tenía que decirlo, y lo repetiré más adelante. Ahora sí, vamos con la review.  

Aunque no lo comentemos siempre (tampoco es cosa de repetir hasta aburrir), me encanta cuando Fringe utiliza muchos símbolos visuales en los episodios. Reflejos, colores… prácticamente cada plano de este episodio ha estado cargado de mensajes de principio a fin, unos más evidentes que otros. Y, vuelvo a repetir, eso es señal de calidad, de presentar una serie bien trabajada.

Agotado mi “párrafo personal” de la semana, empecemos con el episodio en sí. Un episodio que abre, precisamente, indicándonos cómo acabará: con la máquina, que tan relevante fue la temporada anterior, y que en este episodio se ha convertido en el centro de atención de nuestros personajes. De nuevo, basta una imagen para dar un cierre redondo a un episodio…

Si recordamos bien, al final de The Consultant (hace dos episodios), Walter nos dejó boquiabiertos diciendo que había comprendido el plan de Jones: colapsar los dos universos. El término “colapsar”, como ya vimos, podía interpretarse de muchas maneras (unas más agradables que otras). Por suerte, Walter se ha encargado de explicarnos con más detalle a qué se refería.

Ataviado con traje y corbata, pero tan inseguro como siempre, el pobre Walter se enfrenta a las dos Divisiones Fringe con el fin de aclarar nuestras dudas. Efectivamente, Jones no quiere sino destruir ambos universos para crear uno nuevo sobre el que poder gobernar. La única duda que me asaltaba al respecto también ha sido ya resuelta: Jones puede sobrevivir al colapso si se sitúa en el “ojo del huracán”, tal y como vimos en Westfield. De modo que todo el tema del Arca de Noé cobra sentido (aunque siga sin entender cómo alguien puede querer vivir en un mundo habitado únicamente por monstruos) gracias a la teoría de Walter.

El único problema, eso sí, es la manera en la que nuestro científico ha llegado a su conclusión: lo soñó. Un argumento que, para la mayoría de los personajes, invalida toda teoría, por creíble que pueda parecer. De hecho, el único que parece apoyar totalmente a Walter tras esta confesión es Walternate. Y aún así, Walter cree que su alterno no confía en él y no soporta estar en la misma habitación. Qué irónica es la vida…

Mientras tanto, seguimos conociendo más detalles del plan de Jones. Ya vimos en episodios anteriores que cada uno de los dos universos emitía una vibración particular, que en términos musicales se podía traducir como las notas “Do” y “Sol”. Pues bien, para conseguir que los mundos colapsen, Jones pretende trasladar la frecuencia de ambos a un punto intermedio: la nota “Mi”, para que nos entendamos. ¿Cómo alterar esa frecuencia? Pues introduciendo una vibración extraña que altere el ritmo original. En otras palabras: causando un terremoto global en los dos universos. Y para conseguirlo ha contado con la ayuda de un grupo muy especial de personas: los “niños del Cortexiphan”. Decir que soy fan de estos personajes se queda corto: me fascinan sus capacidades especiales, y siempre que aparecen consiguen sorprenderme. Además, verles me ayuda a recordar por qué Olivia es tan especial, algo que no siempre tengo en cuenta.

Por eso me ha encantado ver a Nick Lane, aunque fuera formando parte del “otro bando”. Por suerte para nosotros, a veces es una ventaja contar con un doppelgänger de cada personaje: si bien Lane no se ha mostrado muy dispuesto a colaborar, su alterno ha sido esencial a la hora de dar con él. Por cierto, un gran detalle: no sé si recordáis que en Over There, Part 1 Alt-Lincoln reconoció a Nick Lane cuando nuestros personajes cruzaron al otro lado. En aquel momento nos preguntamos de qué se conocían ambos personajes. Hemos tenido que esperar prácticamente dos temporadas para encontrar respuesta a esa pregunta… pero la hemos encontrado.

El viaje a la mente de Nick Lane usando LSD como pasaporte me ha recordado inevitablemente a Lysergic Acid Diethylamide. Tanto que, lo prometo, esperaba encontrarme dibujos animados de un momento a otro. Pero, por suerte, sólo ha servido para capturarle y, de paso, ahondar en sus motivaciones.

Como no podía ser de otro modo, Olivia se ha ofrecido voluntaria para interrogarle: al fin y al cabo, sabemos que Nick tiene una confianza ciega en ella, y que siempre la ha admirado por su valor, desde la más tierna infancia. Pero en este caso esa confianza no ha sido suficiente.

Olivia ha tratado de convencer a Nick con todos los argumentos posibles: le ha contado que Jones es un mentiroso, que pretende destruir los dos universos acabando con la vida de millones de personas inocentes, y que él sólo es una herramienta de su plan. Y, durante un momento, parece que ha conseguido convencerle. Pero no ha sido nada más que un espejismo. Y, a decir verdad, no culpo a Nick: Walter y Bell destruyeron su vida por completo cuando era un niño inocente, y hace falta mucho más que unas cuantas palabras cálidas para hacer a alguien cambiar de opinión sobre algo así.

Por otro lado, hay que tener en cuenta la importancia que el Manifiesto ZFT ha tenido siempre en la vida de Nick Lane. Si retrocedemos al momento en el que le conocimos (allá por la primera temporada, en Bad Dreams), recordaremos que él fue el que nos habló por primera vez con convicción de la guerra que se aproximaba, y del papel esencial que los “niños del Cortexiphan” jugarían como soldados en ella. Fue ahí donde descubrimos por qué Olivia, por su condición de recluta, siempre viste de color oscuro, y empezamos a atar cabos con respecto al ZFT. No nos resulta difícil imaginar cómo alguien como Nick Lane, que se considera responsable de todo el dolor que ha ocurrido a su alrededor a lo largo de su vida, puede aferrarse tan fuertemente a la única idea que le hace sentir como alguien importante, como un héroe. Por eso comprendemos que Nick no abandone tan fácilmente a Jones. Lo que no nos termina de entrar en la cabeza es cómo los personajes de la División Fringe son tan crédulos como para confiar en un rehén que ha estado a punto de causar una catástrofe mundial pero que acaba de cambiar de opinión… Pero esa es otra historia.

De modo que, con Nick libre y Jones, presumiblemente, al día del plan de nuestros protagonistas, sólo queda una opción posible: cerrar el puente entre universos para así evitar el colapso, al menos de manera temporal. La decisión no es fácil, especialmente para el universo rojo, para el que el puente supone la curación de su mundo. Es, sin duda, una medida extrema que, sin embargo, parece ser la única solución posible.

Llegamos así a lo que se puede considerar el final de una era en Fringe: el cierre del puente implica que no volveremos a ver interactuar a los protagonistas de ambos lados. Y, quizás, signifique no volver a ver jamás al universo rojo. Espero que esto último no sea cierto, aunque no sería extraño.

Y así es como entramos en la parte más emotiva del episodio, y uno de los momentos más especiales de la serie: las despedidas entre los personajes de los dos lados. Personajes que, desde un primer momento, conocimos como enemigos, como caras opuestas que nunca llegarían a entenderse y que, sin embargo, han llegado a tener una relación muy distinta a la que esperaban.

Cada una de estas pequeñas despedidas ha tenido algo especial. La mejor, para mi gusto, ha sido la de Walter. Las dos versiones tan magistralmente interpretadas por John Noble se sientan, lado a lado, para confesarse sus miedos, que no dejan de ser los mismos: perder, una vez más, a Peter. Hemos tenido que esperar mucho (quizás demasiado) para ver el ansiado acercamiento entre los dos. Por un lado, Walter ha sido capaz de mirar a Walternate a los ojos, sabiendo que destruyó su vida al arrebatarle a su hijo. Por el otro, Walternate ha tenido la fuerza suficiente como para dejar todo aquello atrás: el pasado no se puede cambiar, y lo importante es lo que está por venir. Queda en manos de ambos salvar el mundo y hacer lo posible para convertirlo en un lugar mejor. Grandes personajes y mejor actor, que hace que olvidemos que estamos observando a una única persona.

Olivia y su alternativa también han tenido su momento. Más frías que los personajes anteriores (no podía ser de otro modo), han sido capaces de bajar la guardia un momento y mostrar admiración mutua. Al fin y al cabo, ambas se complementan a la perfección, y lo que sobra en una es aquello de lo que carece la otra, aunque en el fondo la esencia de ambas siga siendo la misma. “No dejes de mirar al cielo”, le dice Oliva a Altivia. Al fin y al cabo, ese arcoíris que tanto desea ver no es sino la esperanza de un futuro mejor.

A Astrid, siempre tan discreta, le ha bastado un pequeño gesto de Al-trid con la mano para enternecernos. Y, junto a ellas, un Broyles que no tiene de quién despedirse. Algo similar le ocurre a Lincoln, aunque su caso sea algo especial: es el único de los personajes que ha decidido cambiar de universo. Ha encontrado su lugar, y me alegro muchísimo por él. No creo que esta decisión haya sido una sorpresa para nadie, y espero que su personaje encuentre todo lo que busca en el otro universo.

Así, con la activación de la máquina, llegamos al final del episodio, haciendo que su título sea más literal que nunca: Worlds Apart. El fin de una etapa muy importante en Fringe. Citando a Walter, “Creo que les echaré de menos más de lo que imaginaba”.

Sin embargo, aún hay que mirar hacia delante: hemos conseguido detener momentáneamente el plan de Jones, pero ni mucho menos hemos acabado con la amenaza. Además, cabe la posibilidad de que la activación de la máquina entrara dentro de los planes del villano: al fin y al cabo, pidió a Alt-Broyles que hiciera algo con ella, aunque nunca llegamos a saber el qué.

En cualquier caso, la trama de Jones aún no se ha cerrado. Estoy segura de que volveremos a este tema dentro de poco (antes del final de la temporada, sin duda), y estoy deseando saber cómo acaba. Por último, sólo queda decir que los glpyhs de esta semana formaban la palabra “Alive” (“vivo”). ¿Apostáis por alguien? Yo, una vez más, voto por William Bell… aunque probablemente siga equivocándome.

Terminamos, por fin, la review de Worlds Apart. Ha sido un gran episodio que, aunque no nos ha dejado tan desencajados como el anterior -es imposible hacer eso todas las semanas-, ha estado al nivel. Y si esto es ahora… ¿qué encontraremos en los dos episodios restantes de la temporada? ¡Me muero de ganas por saberlo!

 

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