Review Fringe: Letters of Transit

Después de un par de días bastante ajetreados me siento, por fin, a escribir la review. Y antes de ponerme manos a la obra, me da por echarle un vistazo a la pre-review, para ver cómo anda el ambiente. Más de 100 comentarios. 108 en este instante, para ser exactos (vaya número más significativo en el mundillo de las series…). Es entonces cuando pienso que no hay nada que demuestre de forma más clara lo grandioso que ha sido este episodio: Letters of Transit ha vuelto a dejarnos con la boca abierta. ¿Se puede ser más increíble? Lo veo difícil. Ha sido un episodio fantástico que sólo nos deja con una espinita clavada: si no hay renovación, jamás veremos la continuación de esta historia. Y eso, está claro, duele. Y mucho…

Sabíamos que el 4×19 sería un episodio diferente a los demás. Al fin y al cabo, es lo que, desde la segunda temporada, llevamos viendo. Sin embargo, cada uno de estos “episodios especiales” ha sido único y particular, tanto en su forma como en su repercusión en la serie. El primero, Brown Betty, a ritmo de cine negro y musical, nos sorprendió y nos ayudó a comprender los sentimientos de Walter. Pero, siendo realistas, no aportó nada a la trama. Fue un episodio totalmente prescindible que, si acaso, sirvió para crear polémica. Y es que, no lo olvidemos, surgió como parte de una campaña de la FOX para promocionar Glee. Ahí es nada…

La tercera temporada nos trajo a Lysergic Acid Diethylamide, y ahí las cosas cambiaron bastante. Imagino que no es lo mismo hacer algo por obligación que por decisión propia. El musical se convirtió en animación, un inteligente recurso que nos permitía tener de vuelta a William Bell y, a la vez, cerrar el horrible arco argumental de Bellivia. Además, ahí tuvimos la oportunidad de oír hablar de “Mister X”, y supimos, por primera vez, que Olivia tendría que morir.

Pero la cumbre de estos episodios especiales la hemos encontrado en Letters of Transit. Excelente capítulo en todos los aspectos, que da un giro completo a la serie y ofrece muchas pistas para el futuro. Un futuro que, por desgracia, depende de la continuidad de la serie, algo bastante dudoso a estas alturas. La agonía se alarga cada vez más…

¿Qué ha tenido de especial Letters of Transit? En primer lugar, ha sido todo un homenaje a la ciencia ficción. Y aunque es cierto que ese futuro distópico que nos han presentado no es nada nuevo, ha sido un placer disfrutar de él. La historia, como hemos visto, comienza al más puro estilo Battlestar Galactica, haciendo un pequeño resumen de la situación y dejando bien claro desde el principio la identidad del enemigo: los observers. No deja de ser curioso que esos seres que, en un principio, no tenían otra función más allá que la de observar y mantenerse al margen, hayan decidido imponerse de este modo sobre la raza humana. Al fin y al cabo, no lo olvidemos, también son seres humanos como nosotros. Y si hay una especie susceptible de ser corrompida, esa es la nuestra…

Así que de repente estamos en el año 2036, y el mundo ya no es lo que conocemos. Un futuro no muy lejano que, precisamente por eso, tiene una doble función: ofrece margen suficiente como para que el cambio sea posible, pero a la vez es lo suficientemente cercano como para que aún nos podamos sentir identificados con los personajes. Estoy segura de que no soy la única que ha pensado en los magníficos “Epitaphs” de Dollhouse al ver el episodio. Al igual que en aquellos dos capítulos, las dudas y el deseo de saber más sobre la situación intrigan tanto al espectador que hacen que el episodio se pase en un suspiro. Porque a mí, al menos, se me ha pasado el tiempo volando.

Otro detalle de calidad, claro está, es la nueva intro preparada especialmente para este episodio y que, como ya comentamos, parece sacada de una novela de Orwell. Además de la música, la intro ha mantenido uno de sus rasgos más significativos: como siempre, las palabras mostradas han señalado elementos o conceptos que, para los habitantes de la época en la que se sitúa el episodio, no son sino ciencia ficción. Pasar de soñar con “psicometría” y “bilocalización” (como en la intro ámbar) a pedir cosas como “libertad”, “alegría” y “educación” es un salto cualitativo bastante importante que basta para describir lo difícil de la situación.

Pero cada historia tiene sus héroes, personas que no se rinden con facilidad por muy duras que sean las condiciones. Así conocemos a la resistencia, un grupo de personas que, día tras día, luchan con la esperanza de librarse del yugo de los opresores. Aunque hemos conocido a varios de ellos, sin duda son dos los nombres más importantes que debemos recordar: Simon y Etta. Ambos pertenecen a la División Fringe, aunque esta se encarga de otros menesteres muy distintos a los actuales. De hecho, da la impresión de que su función es la de tener controlados a los humanos para que no causen ninguna molestia. Aunque tranquiliza ver a Broyles al mando, su postura no me ha quedado del todo clara (buena caracterización, por cierto, la de Lance Reddick). Trabaja para los observers y responde al tal Windmark. De hecho, en ningún momento hemos visto el menor signo de que simpatizara con los rebeldes. Y, sin embargo, esa mirada suya al descubrir el regaliz ha sido tan transparente… Cuento con que este personaje no nos decepcione.

Pero volvamos a nuestros rebeldes. La semana pasada nos preguntábamos a quién podría hacer referencia el “Simon” que formaban los glyphs del episodio anterior (esta semana, por cierto, formaban la palabra “QUAKE”, que significa temblor o terremoto). Y ha quedado muy claro: Simon es el personaje interpretado por Henry Ian Cusick. Un personaje que se ha ganado nuestra simpatía con facilidad, alguien lo suficientemente mayor como para recordar cómo era el mundo antes de la catástrofe, pero lo suficientemente joven como para haber visto toda su vida arruinada por los observers. Alguien, en definitiva, dispuesto a lo que sea por acabar con la opresión.

Por otro lado tenemos a Etta, una chica de ojos inteligentes que se aferra a una idea, casi un mito, para seguir adelante: confía en que los componentes de la División Fringe original se encuentran en algún lugar y serán los únicos capaces de vencer a los observers. Una idea casi ridícula que deja de serlo cuando descubrimos que, efectivamente, Walter se encuentra ambarizado junto a los demás miembros de su equipo. De ahí que en las promos le viéramos con el mismo aspecto que en nuestro presente.

Es cierto que no hacía falta ser un lince para darse cuenta de que Etta estaba relacionada de algún modo con nuestros personajes principales. En un primer momento pensé que podría ser Ella, la sobrina de Olivia, viviendo bajo un pseudónimo (no me negaréis que el nombre no se parece…). Pero las cuentas no cuadraban. Además, supongo que el futuro que hemos visto pertenece a la línea temporal que hemos conocido esta temporada, ya que este futuro no encaja con el que vimos en la finale de la temporada anterior.

La verdad es que a lo largo de todo el episodio hemos ido recibiendo pistas sobre la identidad de Etta: sus habilidades especiales (cosa que sólo puede haber heredado de Olivia); su obsesión por encontrar a todos los miembros de la División Fringe; el momento en el que Simon, como tapadera, dice que Walter es su abuelo; que Walter, ya cuerdo, la reconozca… pequeñas pistas que terminan encajando cuando Peter la reconoce como su hija, Henrietta (nombre feo donde los haya, por mucho homenaje que sea al pequeño Henry). En el fondo hay que reconocer que ha sido una suerte que hayamos ido descubriendo su identidad poco a poco, y que la “revelación” no dependa por completo de las dotes interpretativas de Joshua Jackson. Porque hay que ver qué soso es el pobre, hasta en las escenas servidas en bandeja, como el final de este episodio…

El que sí ha vuelto a demostrar que es un fuera de serie (¿acaso alguien lo dudaba?) es John Noble, que ha vuelto a interpretar a dos versiones del mismo Walter sin despeinarse. El primero, más aniñado que nunca, nos recuerda al primer Walter, a aquel hombrecillo indefenso y despistado que, sin embargo, sigue manteniendo su genialidad. Sólo hay que ver la facilidad con la que ha arreglado el brazo biónico de Nina Sharp a pesar de no ser capaz de recordar el nombre de su golosina favorita. Por cierto, en un breve inciso, es muy reconfortante ver que, a pesar de todo, Nina sigue siendo fiel a nuestros personajes, sin perder su status. Qué gran mujer…

Esta primera versión de Walter ha sido sustituida pronto por una mucho más madura, de nuevo, gracias a los fragmentos de cerebro que William Bell le extrajo en el pasado y que, recordemos, en esta línea temporal nunca le llegaron a reimplantar. Eso sí, ha sido todo un detallazo que, una vez “reparado” el cerebro de Walter, su personaje se muestre mucho más “oscuro” que la versión anterior. De este modo no podemos evitar recordar que la genialidad de Walter va inexorablemente ligada a su versión más oscura.

Por supuesto, el episodio ha estado plagado de detalles increíbles, desde el guiño a Star Wars (“These aren’t the droids you’re looking for”) hasta los códigos numéricos en clave que nos indican fechas significativas. Así, para entrar en las antiguas instalaciones de Massive Dynamic, Simon ha tecleado “092112”, según algunos, la fecha de inicio de una posible quinta temporada (21 de septiembre de 2012), ya que coincide con un viernes. Del mismo modo, Walter ha usado la clave “052010”, código que ya utilizó en Jacksonville y que marcaba, precisamente, la fecha de Over There, Part 2, la finale de la segunda temporada. Y a mí que me encantan estas cosas…

Con un Walter mucho más cuerdo que antes, nos vamos acercando al final del episodio, dispuestos liberar al resto de la División Fringe de su prisión de ámbar. Prácticamente desde el principio sabíamos que junto a Walter se encontraban un hombre y una mujer. Que el primero correspondía a Peter parecía algo bastante evidente. Sin embargo, lo de poder recuperar a Olivia no estaba tan claro. Y es que las palabras de September pesan demasiado: veamos la línea temporal que veamos, sabemos que Olivia morirá. Y este caso no es diferente. Así que volver a ver a Astrid nos provoca, inevitablemente, sentimientos encontrados.

Lo que sí ha sido una sorpresa es descubrir que William Bell vuelve a aparecer jugando un papel importante. Magistralmente, Fringe ha vuelto a poner a este personaje en primera línea de acción sin obligar a Leonard Nimoy a romper su promesa de retiro. Eso sí, prometo que no pondría pegas si tuviera que volver a verle en pantalla. Y es que las palabras de Walter no dejan de intrigarme… ¿qué es exactamente lo que le hizo a Olivia? ¿Es el causante de su muerte? ¿Tiene algo que ver con el misterioso Mister X al que hacíamos referencia antes? Lo que está claro es que tuvo que hacer algo muy importante para ganarse el odio de nuestros personajes…

No sé si he sido la única a la que esta escena del ámbar le ha parecido muy confusa. En un principio pensé que Simon se había sacrificado para liberar a Bell, y ver a Peter en el metro me ha extrañado mucho. Pero supongo que esta confusión habrá sido provocada de manera intencionada. Por cierto, una lástima perder a un personaje tan interesante como Simon tras conocerle de manera tan breve. Sin embargo, toda guerra implica sacrificios, y en este caso ha sido necesario.

El episodio, como decía antes, transcurre en un suspiro. Un suspiro que nos deja un final totalmente abierto y que, casi con toda probabilidad, nunca veremos concluir si no obtenemos la tan deseada renovación por una temporada final. De ser así, supongo que sólo podemos limitarnos a imaginar. A confiar que nuestros personajes, como esperamos de ellos, lograrán salvar al mundo una vez más. Porque se lo merecen, al igual que nos lo merecemos nosotros por sufrir con ellos.

Sin embargo, cuesta resignarse a no saber más de esta historia. Porque han quedado tantas dudas planteadas que da rabia pensar que no vayamos a tener respuesta jamás. Y es que imagino que cualquiera de nosotras está deseando presenciar el alzamiento de los observers, y ver a September, August y compañía luchando del lado de nuestros personajes. Porque queremos saber a qué se refería exactamente Windmark cuando ha dicho que su castigo se debía a que le gustan los animales. Porque nos intriga conocer el destino de Olivia y saber cuál es el papel exacto que juega Bell en él. Porque seguimos preguntándonos si la bala que lleva Etta colgada al cuello es la que acabó con la vida de su madre, por escabroso que pueda parecer (aunque no extraño; al fin y al cabo, como decía cierto autor, el símbolo del cristianismo sigue siendo la cruz en la que murió Jesús). Porque, al fin y al cabo, Fringe sigue regalándonos episodios espectaculares y nos resistimos a resignarnos a estar sin ella. Y es que después de ver algo tan fantástico como Letters of Transit, ¿quién puede opinar lo contrario?

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