Review Downton Abbey: Episode Two

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Las vueltas que da la vida. Downton Abbey se acerca a su final, y esta podría ser la frase que lo resume todo. Aprovechando que es la última temporada, la serie nos recuerda momentos ya vividos a la vez que marca una clara línea divisoria con el pasado, una línea que nos permite ver todo lo que han cambiado. Digamos que la mayoría de los personajes han evolucionado, y con casi total seguridad a mejor. Ahí tenemos a Mary o a Edith, que se sentirían orgullosas de todo lo que han conseguido si se vieran desde la primera temporada. También, por supuesto, hay otros casos en los que la evolución ha sido más bien poca (sí, Cora, hablo de ti), o directamente no les ha hecho falta evolucionar. Porque, ¿quién querría una lady Violet distinta de que la tenemos? El segundo capítulo ya está aquí, veamos lo que nos ha traído.

Hablaba en la entradilla de que las hermanas Crawley son los personajes que mejor salen paradas con el paso del tiempo. Me gusta mucho ver a Mary sin una bandada de pretendientes revoloteando a su alredor, reafirmada ahora en el papel de lo que en el fondo siempre fue: algo más que la casadera heredera de la fortuna de los Crawley. Sí, eso no quita que a veces sigua siendo una cold-hearted bitch, pero es parte de la gracia del personaje. Y si alguien ha cambiado desde que la conocimos es lady Edith, que quizás no ha dejado de ser la eterna segundona, pero parece que ha perdonado al mundo por serlo. Después de los desprecios de su hermana, de sus mil desengaños amorosos (¿os acordáis de que al principio le gustaba Matthew? ¿Y del granjero?) y el culebrón Marigold, ha encontrado cierta paz y un sentimiento de control sobre su vida, aunque no fuera la que ella se hubiera imaginado. Le ha hecho mucho bien, en definitiva, dejar de compadecerse a sí misma.

Pero todo eso puede torcerse cuando la señora a la que diste a tu bebé para luego cambiar de opinión, quitárselo y fingir que aquello nunca ocurrió decide robarte a tu hija. Lo típico. No me ha gustado nada la resolución del problema de los Drewe, más que nada porque me ha dado la sensación de que es uno de esos casos en lo que los Crawley pueden hacer un poco lo que quieran básicamente porque son ricos. Está claro que Edith actuó pensando que era lo mejor, tanto al dejar a Amrigold como al llevársela. Pero ahora dejamos a la señora Drewe sin la niña a la que quiere como si fuera suya, sin su casa, y muy probablemente sin su cordura. Pero eh, aquí no ha pasado nada.

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Si algún bien puede salir de todo esto es que esa casa vacante muy probablemente pasará a manos del señor Mason, el padre de William y suegro de Daisy. Otro personaje que, después de años de hacer lo mismo, parece que está espabilando un poco y al menos se cuestiona cómo funciona el sistema y si puede hacer algo para cambiarlo. Pasito a pasito, Daisy…

El que no parece ser capaz de cambiar la forma en que le trata el mundo es Thomas. Vale que sea una viborilla, pero una que solo muerde cuando la atacan. Y con la de comentarios cortantes por episodio creo que se le han quitado las ganas de atacar a nadie. Es más, en la escena con Carson en la que casi estaba rogando que le soltara un “No hagas la entrevista, ¡te queremos aquí!” creo que más bien lo que quería era encerrarse en su habitación y llorar. Me da mucha pena ver un personaje con tantas capas como el que interpreta Rob James-Collier relegado a tramas de segunda, mientras otros gastan minutos y minutos en cada capítulo. En fin, siempre he tenido predilección por los que van perdiendo.

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Vamos (brevemente) con los Bates. Pensé que quizás este sería el episodio en el que pudiéramos decir “Capítulos sin ver llorar a Anna Bates: 1”. Pero no. El tema de los bebés sigue preocupando a Anna, que finalmente se confiesa ante lady Mary. Tras una visita a Londres, parece que el problema de Anna tiene solución fácil, claro que si juntamos la suerte de Anna con la maldición de los bebés de Downton (Sybil, Matthew…), lo mismo es el momento en que un meteorito decide caer justo encima de la mansión y todos sus habitantes.

Y este ha sido el episodio de la primera bronca de enamorados de Carson y Hughes. Resulta que no es suficiente con trabajar cincuenta años en una casa que no es tuya, sino que también te tienes que casar en ella. Entiendo a Carson, porque es muy #TeamCrawley y sobre todo muy #TeamMary, y cuando ella habla todo lo demás no importa; pero también entiendo que Mrs. Hughes no quiera casarse en su oficina. Me resulta muy interesante la relación amo-sirviente, porque me parece muy difícil dónde marcar la línea. Sobre todo con aquellos que como Carson llevan prácticamente toda su vida allí, viendo nacer a los siguientes herederos, asistiendo a sus bodas, siendo testigo de sus triunfos, de sus decepciones. Con relaciones más estrechas que las que tienen con otros miembros de su familia, pero sin compartir apellido. Se confiesan y apoyan en ellos, pero tampoco son amigos. Porque al final del día, unos están upstairs y otros downstairs.

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Me da que este es un asunto que no resolverán con rapidez (aunque solo por el The wedding day is mine, the next thirty years are yours! merecía ganar ella). Igual que el asunto del hospital, que probablemente dé para toda la temporada. De momento tendremos que esperar para ver si gana el equipo conservador (mantengamos el control de nuestras cosas, aunque falten recursos) contra el equipo cambio (qué importa que el control no esté en nuestras manos si podemos mejorar el hospital). Hasta ahora no me ha enamorado esta historia, pero ya veremos a dónde nos lleva.

Y con esto llegamos al final de la review. Un episodio un escalón por debajo de la premiere, pero aún así muy disfrutable. Downton siempre ha hecho temporadas muy regulares, y aunque en mi opinión alcanzó su tope en sus tres primeras temporadas, tengo mucha fe en el cierre. Y estos dos episodios no han hecho más que darme la razón. Hasta dentro de una semana.

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