Review Black Sails: XXXVIII

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AVISO SPOILERS: Este artículo contiene spoilers de tamaño superlativo. Por tanto si aún no has visto el XXXVIII (4×10) te recomiendo que sigas el consejo de Gandalf el Gris y huyas de la insensatez.

Empecé a ver Black Sails por la encarecida recomendación de un amigo, pero al tratarse del canal de cable Starz, he de confesar que lo hice con el piloto automático encendido y sin muchas pretensiones, porque después del empacho causado por los excesos de sangre, pantallas chroma y slow-motion de la hipervitamínica “Spartacus”, recursos que, por cierto, bebían directa y descaramente del film de espartanos de Zack Snyder, nada ni nadie me habría preparado para lo que estaba a punto de presenciar: una grandísima serie de aventuras de obligado visionado que lo único que demandaba al espectador era una pizca de paciencia en sus primeros compases. Como todos sabéis, esto es algo que he venido repitiendo cual disco rayado casi cada semana desde que se estrenó en enero la última tanda de capítulos. Y seguiré insistiendo en ello todas las veces que hagan falta. Porque Black Sails se merece un digno post de despedida, a la altura de las bondades que ha ido mostrando durante todos estos años, con una historia brillante, unos personajes memorables, un guión sólido, una dirección artísitica soberbia y una ingente colección de set-pieces de infarto que harían palidecer a los mismísimos mandamases de la HBO. El género de piratas ya tiene un referente, y cualquiera que se atreva a adentrarse en este mundo tendrá, sí o sí, que mirar con su catalejo en dirección a Nassau.

Por eso mismo, e independientemente de lo que digan aquellos que se autodenominan a sí mismos críticos profesionales, siniestros e insaciables vigilantes del entertainment, instalados en su frío y oscuro reducto de autocomplacencia y cuya opinión suele moverse no pocas veces entre la corrosión y la toxicidad, en mi modus operandi siempre prevalecerá el feedback de LA GENTE a la hora de decidir empezar a ver una serie u otra, por encima de lo que digan los críticos eruditos de ratón y tecla fácil. Y con gente me refiero a seriéfilos de a pie, como tú y como yo, cuya opinión será, casi con toda seguridad, mucho más creíble y fiable que la de un grupo de señores “profesionales” que le cascan sin ningún pudor y sin despeinarse un miserable 4,8 a joyas de la televisión como Marco Polo. O un 6,5 a Black Sails, una serie que a pesar de tener un inicio lacónico, supo enderezar el barco a tiempo para alcanzar la excelencia, manteniéndola constante y fuertemente amarrada con un as de guía marinero hasta prácticamente su último estertor. Pero bueno, realmente tampoco hay que retroceder mucho en el tiempo para comprobar que los dardos venenosos de nuestros amigos Pro están a la orden del día, con el ejemplo claro de Iron Fist como última víctima de la voracidad gratuita de estos personajes, que la han vapuleado y despellejado sin piedad solo por no estar a la altura de Daredevil o Jessica Jones.

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Para la ocasión, y como no podía ser de otra manera, tras las cámaras se vuelve a poner el maestro y showrunner Jonathan E. Steinberg para dirigir este fantástico XXXVIII, y su decisión de prescindir del ruido innecesario y anteponer el desarrollo de los principales personajes a cualquier otro planteamiento que tuviera como epicentro un enfrentamiento maniqueo entre los dos bandos ha sido sin duda alguna lo mejor del capítulo. Ojo, que nadie se piense que no ha habido choque de barcos trenes entre los piratas y el despiadado Rogers, porque sí que lo ha habido. Eso sí, que nadie se espere “La Batalla de Aguasdulces”, ni “Los Vigilantes del Muro”, y ni falta que hace, porque en el día del adiós de Black Sails, la artillería de Starz ha vuelto a concentrar buena parte del potencial de sus cañones en exprimir y mimar el guión hasta niveles enfermizos, cerrando de forma satisfactoria las tramas de cada uno de sus personajes con el siempre efectivo recurso de la voz en off (cómo no, Jack Rackham), captando con ello la esencia de aquellos últimos minutos de la familia de funerarios Fisher, que sigue siendo a día de hoy uno de los mejores finales de la historia de la televisión. Incluso hay hueco para un guiño con un grumete que embarca con Rackham y Anne en los últimos instantes, y aunque no tenga nada que ver con el protagonista de La Isla del Tesoro, es inevitable no esbozar una sonrisa y pensar en el joven Jim Hawkins.

Entrando ya en materia, empezaremos viajando hasta Philadelphia para comentar las negociaciones de Max con la abuela de Eleanor Guthrie, que por fin acaban llegando a buen puerto, y tras la caída del infame gobernador Rogers y con la necesaria colaboración del siempre diplomático capitán Jack Rackham, la astuta ex-madame sortea la recomendación del matrimonio impuesto y consigue convencer a la imperturbable matriarca Guthrie de la conveniencia de colocar a alguien como el bonachón de Featherstone al frente del gobierno en la isla, y así controlar entre ambas y desde una posición más cómoda todo el entramado político y económico del Nuevo Mundo. Todos ganan. Y ahora que el capitán Flint ya no está, los nubarrones de la guerra ya no son una amenaza para la paz en Nassau, y la época de bonanza económica que impulsó Eleanor volverá a ser una realidad, con la diferencia de que esta vez la cosas se harán con el beneplácito de Gran Bretaña. Como he dicho: todos ganan. Una vez más, vuelve a quedar patente la importancia del fascinante personaje de Max, que ha tenido un peso relevante durante todo el show, desde su trapicheo inicial con John Silver, pasando por su via crucis con el capitán Charles Vane y la complicada y conflictiva relación que tuvo con los dos principales personajes femeninos, Eleanor y Anne, hasta su ascenso meteórico hasta la mismísima cima del poder. Nunca olvidaremos a Max.

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No le falta ni una pizca de razón al capitán Jack Rackham cuando afirma que para alguien como Rogers el fracaso y la humillación es la peor derrota que puede encajar. Sin duda alguna, el peor final posible para esta bestia parda, el gran antagonista de la función, el gobernador Woodes Rogers, verdugo, despellejador y azote de piratas, artífice de buena parte de la calidad que atesora la serie, por su carisma, su tridimensionalidad, sus motivaciones y su lado oscuro, y en definitiva, por su papel de contrapeso paradigmático al que no le podemos achacar absolutamente ninguna de las debilidades que suelen fastidiar este tipo de producciones. Sí, ya sabíamos que probablemente iba a ser derrotado, y de hecho así lo esperábamos, pero la satisfacción que nos ha dado desde que puso el pie en Nassau no tiene límites, y obviando el delicioso gazapo histórico de verle reducido a un delincuente económico, humillado y obligado a rendir cuentas por las deudas que no pudo saldar en vez de verlo volver a Inglaterra victorioso tal y como cuentan los libros de Historia, no nos queda más que quitarnos el sombrero ante este colosal personaje que ha revolucionado el universo de Black Sails con cada paso que ha ido dando. Por supuesto ya pueden ir tomando nota los demás canales a la hora de confeccionar antagonistas a la altura de lo que se le exige a este tipo de personajes, porque de ellos depende muchas veces el éxito o fracaso de una serie.

He dejado lo mejor para el final, porque la consecuencia del tan esperado envite entre los dos navíos en la bahía de la isla del Esqueleto no es más que un medio para sentar las bases del magistral plan elaborado por el gran John Silver el Largo, un as bajo la manga cuyo objetivo final va más allá del simple hecho de impedir que el capitán Flint se haga con el tesoro y se embarque en otra guerra que lo único que les puede traer son más desgracias. Por eso acabará “traicionando” a su amigo de tal forma que el coste de privarle de la guerra que tanto ansiaba se traducirá en lo único que puede apaciguar al bravo capitán Flint: la oportunidad de volver a encontrar sentido a su trágica vida, toda una sorpresa que iremos descubriendo poco a poco a partir de un tercer acto lleno de emoción y emotividad, un obsequio en forma de revelación, porque en una mansión/prisión cerca de Savannah, y entre hombres que fueron en su día injustamente encarcelados se encuentra alguien que creíamos que se había suicidado a través de una carta de Peter Ashe, y me refiero al amor del capitán Flint: Thomas Hamilton. Nada como una revelación de esta envergadura para encumbrar a otro de los grandes personajes de Black Sails, John Silver el Largo, que ha tenido una de las trayectorias ascendentes más interesantes dentro del mundo de las series, pasando de ser un vulgar ladronzuelo buscavidas a comandar todo un ejército de piratas.

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Y aunque todos apoyamos a John Silver en su decisión de desbaratar los planes de Flint para darle algo por lo que vivir, no hay que olvidar que Madi también estaba a favor de usar el botín para reanudar la guerra contra los ingleses, y el choque entre ellos dos será inevitable, aunque al final seremos testigos de su perdón, con un emotivo reencuentro en lo alto de una colina, con el mar al fondo y un precioso plano panorámico general para el recuerdo. Por último, no hay que olvidarse del traidor de Billy Bones, que como bien sabemos todos, ha estado siempre obsesionado con acabar con el capitán Flint. De hecho tendrá su oportunidad durante el combate naval, cuando ambos coincidan en lo alto de los mástiles de los dos barcos entrecruzados por la embestida del gobernador Rogers, protagonizando un enfrentamiento a muerte que se saldará con una accidentada victoria del bravo capitán, pues será Billy Bones quien se acabe precipitando al agua para volver a aparecer al final del capítulo en la isla del Esqueleto. Un claro homenaje a la Isla del Tesoro, porque si hacemos memoria, recordaremos que es precisamente él quien está en posesión del mapa del tesoro al principio de la novela de Robert Louis Stevenson. En cuanto a Jack Rackham, suponemos que el pacto entre Max y Guthrie también incluía algún tipo de cláusula implícita por la que se le permitía piratear de forma legal, bajo la etiqueta de corsario o algo parecido. Porque qué sería de la piratería sin gente como el capitán Rackham y su inseparable Anne.

Podríamos concluir que la misa de réquiem por Black Sails ha sido solemne, y menos traumática de lo esperado, principalmente porque el maestro de la función Jonathan E. Steinberg se ha decantado por dotar a la series finale de un halo de sosiego y la mínima dosis de agitación, una decisión que podría no contentar a todos por igual, y me refiero a las expectativas de pirotecnia que tenía depositada parte de la audiencia en relación a este XXXVIII. Pero lo que mejor le ha sentado al adiós de los piratas de Starz ha sido precisamente ese sosiego al que me refería antes, un momento de transición final que ha significado el colofón pefecto a una fantástica y apabullante temporada llena de acción, emoción, giros y cliffhangers que nos han tenido pegados al sofá, con las uñas repeladas y el culo torcido. Porque al final, ver a cada uno en su sitio ha sido todo un alivio, con Flint reencontrándose con Thomas, John Silver perdonado por Madi, Billy Bones dirigiéndose hacia el tesoro, Max cortando el bacalao desde las sombras, Woodes Rogers entre rejas y Jack Rackham haciendo lo que mejor sabe hacer: negociar, parlamentar, piratear… Y narrar. Porque quién mejor que él para contarnos en un emotivo speech el arrivederci de los principales personajes de este estimulante y emocionante universo de piratas, barcos, islas y tesoros.

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Y ya está. Ya no habrán más debates ni teorías sobre futuros giros en los acontecimientos de Black Sails, y tampoco habrán más “Previously on”, ni mucho menos “Next week on”, porque después de cuatro temporadas, la grandiosa serie de piratas de Starz ha dicho adiós definitivamente, condenándonos a quedarnos sin uno de los referentes del género de aventuras, y si me lo permitís, el único aspirante que podía haber desbancando a la todopoderosa Juego de Tronos de su cómodo trono, valga la redundancia. Lo sé, cuesta horrores hacerse a la idea de que una de tus series favoritas ha bajado el telón por última vez, pero el ritual de introspección del seriéfilo, intrínseco al lento proceso de concienciación que suele durar el tiempo exacto entre los dos últimos capítulos, determinará si Black Sails merece entrar dentro del Top Ten de las series, y en mi humilde opinión, XXXVIII ha cumplido con creces su cometido, catapultando a la serie a un lugar de honor en el Olimpo de la televisión de qualité, y quién sabe, el disitintivo de serie de culto cuando haya pasado el tiempo necesario. Y tal y como dije la semana pasada, a partir de ahora nos encomendaremos a la Virgen de la Santísima Burbuja Seriéfila, ávida siempre de traernos remakes, secuelas, precuelas, spin-offs y otros palabros extraídos del diccionario de los productores de televisión que apuestan por lo seguro cuando la creatividad y la originalidad dejan de llamar a su puerta. Nosotros, por si acaso, nos mantendremos ojo avizor. Hasta siempre, Black Sails.

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9 comentarios

  1. Anónimo

    Jim Hawkins? El grumete es Mary Read!!!! Es una pirata real que acompañó en sus últimos tiempos Rackham y Bonny, al principio disfrazada como un hombre. Y dado que ese hecho le da un sentido histórico a la historia de Jack y Anne, me imagino que Rodgers volverá a la carga para encauzar la historia, aunque solo sea en mi imaginación. Porque a mi ese final edulcorado donde todos encuentran su sitio y el amor… pf, no me ha terminado de encajar. Al menos Flint o Silver deberían haber tenido un final más amargo. Cosas mías…

  2. marcel ainagas

    estaba esperando esta review y discrepo en tu manera de ver el final de la serie…para mi la serie deja al espectador que saque su propio final.!! el que tu mencionaste y por lo menos el que yo vi y senti que seria el indicado…silver toda la serie a sido un manipulador y mentiroso cuando la oportunidad lo amerita y para mi la historia que le cuenta a madi es una mentira y flint murio en la isla..me quedo con ese final que me parecio perfecto…la escena con thomas la veo como el final de gladiador con maximus encontrandose con su familia.!! una gran historia y una gran serie..larga vida a flint y a silver saludos

  3. AndyFacuArias

    No puedo creeer esta rewiew… me parece que no entendiste el final, Flint claramente muere, nunca salio de la isla esqueleto, Silver lo mato. la historia que le cuenta a Madi, se la esta contando a los televidentes y se las hace creer a muchos como a ti ( Darth Mou ) es el poder que tiene silver con su palabra de convencer a una tripualcion entera o la audiencia del programa, el cuenta una historia con final feliz de flint incluyendo a Thomas y una mansion pero claramente no es verdad. termina convenciendo a madi. El tesoro nunca fue encontrado porque Silver mato a flint en el lugar que quedaron ( Rackam sigue buscando el tesoro )

  4. Clay

    Silver no engaña a nadie ni Flint muere en la Isla. El final es bastante claro y conciso; para algunos quizá demasiado “feliz”, es posible, pero no tiene esa intención oscura y de engañar al espectador ni de coña.
    Para mí la serie empezó floja, remontó hasta cotas altísimas con las temporadas 3 y 4, aunque perdió un poco en los 2-3 últimos episodios. Personalmente el desenlace no me parece mala salida, porque cierra bien la serie, aunque como apasionado de la novela original, esperaba mayor fidelidad a la misma.

  5. Flint fue un pirata real, como Rackham, Annie o Barbanegra, y murió en la Savannah, justo donde estaba la prisión. Por lo que pienso que sí es real, ya que la serie apela a situaciones verdaderas y ese final fue una excelente estrategia para vincular al Flint real, al de la serie y al de la novela. Ahora la serie puede conectarse con la novela de Stevenson y al mismo tiempo respetar los archivos históricos de la piratería.

  6. Mkartney

    Yo también creo que no mintió. De hecho llevamos ya bastantes capítulos donde se menciona esta prisión y la primera escena sobraría si todo fuera mentira.

    Sin embargo me gustaría que así fuera. Un final donde Silver se la mete doblada a todo el mundo tiene más sentido, pero no ha sido eso lo que nos han querido contar

  7. Pinya

    Hola, en la novela original de La isla del tesoro se menciona que Flint murió en Savannah por culpa del ron, así que parece que la historia de Silver es cierta.

    Por otro lado debo decir que la segunda mitad del capítulo me ha resultado un tanto decepcionante… no me ha gustado este cambio de tono del capítulo a modo Disney.

    En cualquier caso y pese a que el final no haya sido completamente de mi agrado, he disfrutado como una enana viendo cada uno de los capítulos de las cuatro temporadas de la serie. Sin duda, Black Sails ha sabido convertirse en una de mis series favoritas de lejos. Voy a echarla de menos.

  8. UPIRI

    Un final muy bueno. Los finales es lo que tienen, que no contentan por igual a todo el mundo. Pero este… me parece muy bueno, porque perfectos no los hay.

    Lo de que el final de Rogers es inventado, pues…. no lo sé. Hay que tener en cuenta que los ingleses siempre han preferido históricamente inventarse grandes héroes para esconder grandes fracasos (recuerden al “héroe inglés y su enorme derrota en Cartagena de Indias contra Blas de Lezo). No pongo la mano en el fuero por este tal Rogers.

    Interesante la teoría de que Silver mata a Flint en la isla y se inventa la historia. Tanto una como la otra me valen. Aunque creo que me decanto más por creerla.

    Menudo temporadón señores, ojala veamos muchas temporadas finales como esta. Haberlas las hay contadas con los dedos de una mano.

  9. sofi

    A mi me pareció uno de los mejores finales que he visto en toda mi vida. La verdad es que me gustan los finales felices, en los que mis personajes queridos, encuentran paz, tranquilidad y porqué no, el amor. Como es el caso de Jhon Silver y mi entrañable capitán Flint. Pues me gusta creer que después de tener unas vidas tan dificiles y llenas de sufrimiento, al final pueden llegar a ser felices.
    No creo que Silver haya matado a Flint, pues venían hablando de Savanha, desde hace varios capítulos y además en la escena inicial se ve a uno de los piratas preguntando por Thomas. Asi que yo si creo que Silver y Flint encontraron la felicidad junto a sus seres amados.
    También me gustó que el capitán Rogers fuera devuelto a Inglaterra sin pena ni gloria. Aunque cuando Flint y Rackman por fin lo vencieron, esperaba que le den el mismo castigo que al pobre Barbanegra.
    Está bien que Billy se haya quedado solo, pues después de traicionar a sus hermanos de viaje, no merecía otra cosa.
    Ver a Rackman, junto a Anne, volviendo al mar, e izando la nueva bandera pirata, fue uno de los momentos mas lindos del capítulo.
    Algo que rescato de toda la serie, es el ascenso tanto de Max, como de Silver. Comparando sus vidas del primer y último capítulo, han ascendido hasta lo más alto que han podido llegar.
    Otra cosa que me gustó y que nadie lo ha mencionado, es el cocinero escondido que encontró Silver, cuando buscaba a Maddi, guiño guiño a la escena en la que él se dio a conocer.
    Hasta siempre Black Sails. Extrañaré horrores a mis piratas, las batallas en ese hermoso océano y la busqueda incansable de los tesoros. ¡¡¡Larga Vida Black Sails!!!

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