Review Black Sails: XXXVII


AVISO SPOILERS: Este artículo contiene spoilers de tamaño superlativo. Por tanto si aún no has visto el XXXVII (4×09) te recomiendo que sigas el consejo de Gandalf el Gris y huyas de la insensatez.

Un sentimiento de tristeza me embarga mientras escribo estas líneas, y el motivo es más que obvio. Después de cuatro temporadas, treinta y ocho capítulos, y una trayectoria caracterizada por un insultante, insólito y estimulante “in crescendo” muy pocas veces visto en la pequeña pantalla, la serie de piratas del canal premium Starz bajará definitivamente el telón el próximo domingo, convirtiéndonos en víctimas de otra cruel abstinencia impuesta y dejándonos huérfanos de aventuras, luchas de poder, tesoros ocultos e imponentes navíos. Una auténtica pena, porque es un hecho evidente que Black Sails rebosa calidad, y posee potencial suficiente para concatenar su historia con la novela de Robert Louis Stevenson y expandir así el riquísimo universo pirata que tantas alegrías nos ha dado durante estos últimos años. Nosotros, por si acaso, nos encomendaremos a la Virgen de la Santísima Burbuja Seriéfila y a un posible anuncio de secuela por parte del canal Starz, una tendencia al alza en estos tiempos de remakes, reboots, spin-offs y otros experimentos fruto de la constante pugna de los canales de televisión por alzarse con el beneplácito de los espectadores, léase crítica y público, lo que se traduce en audiencia, fama, respeto y éxito… Y por supuesto, beneficios. O lo que es lo mismo: DINERO.

A falta de la “series finale” de la próxima semana, que promete deleitarnos con la épica más superlativa, debemos de quitarnos literalmente el sombrero ante el inmenso trabajo del showrunner Jonathan E. Steinberg y su equipo de guionistas, que han sabido conducir el conflicto de Black Sails sabiamente hasta lo que podríamos denominar como un germen alternativo de la obra de Robert Louis Stevenson, con la isla del Esqueleto como el perfecto telón de fondo, y un tesoro oculto que bien podría ser el que encuentran el joven Jim Hawkins y John Silver el Largo en “La Isla del Tesoro”. Y este gran trabajo ha supuesto que el status actual de Black Sails se esté traduciendo en un éxito incuestionable, por tanto, quién sabe, podríamos estar ante uno de esos casos estrambóticos en los que otro canal compra los derechos de una serie ya acabada para seguir exprimiendo su historia, y ahí tenemos el caso de “The Killing”, que tras ser injustamente cancelada por AMC después de tres temporadas, fue rescatada por la todopoderosa Netflix para darle una temporada más y cerrar así la historia de Sarah Linden y Stephen Holder. Sea como fuere, Starz ha cumplido con creces, y si alguien tenía dudas acerca de su capacidad para hacer televisión de pata negra, no tiene más que relajarse en el sofá y disfrutar de su espléndida serie de piratas.

La semana pasada ya pudimos comprobar de primera mano que el capitán Flint no está por la labor de entregarle al gobernador Rogers el cofre con el botín del Urca de Lima, y tras escapar tierra adentro y adjudicarse a sí mismo el papel de enemigo público, Flint, con la ayuda del joven Dooley, se apresura a enterrar el tesoro antes de que lo intercepten Silver y sus hombres, y es precisamente esta set-piece de la persecución y caza al pirata en la misteriosa isla del Esqueleto la que conforma gran parte del metraje de este fantástico XXXVII, con un Flint que comienza siendo presa pero acaba convirtiéndose, como muchos nos temíamos, en el verdadero cazador. Si alguien pensaba que estábamos ante el ocaso del capitán del Walrus, que se acomode, porque todavía no ha llegado su hora. Asimismo, también hemos podido ver el traspié que sufre Rackham de camino a la isla, porque el viejo pirata retirado que les tenía que conducir hasta su destino cae repentinamente fulminado a causa de un infarto, dejándoles sin guía ni rumbo. Menos mal que el señor Featherstone ya ha hecho los deberes, porque será él quien tenga que cargar con la responsabilidad de dirigir el barco hasta la isla, convertida ya en campo de batalla por obra y gracia de uno de los villanos más badass de la televisión actual.

77

XXXVII vuelve a hacer gala, una semana más, de la sobriedad narrativa que ha predominado en esta última temporada de Black Sails, salpicando todo el metraje con una serie de estupendos y oportunos flashbacks que ahondan con mucho acierto en la complicada y frágil relación de amistad entre el capitán Flint y John Silver, haciendo especial hincapié en la excepción que confirma la personal y caracterísitica regla/código de honor del siempre enigmático Flint, poniendo en relieve el profundo respeto y el afecto sincero que siente por su amigo; pero el foco de atención ha estado casi monopolizado por la búsqueda del escurridizo tesoro en las profundidades de la misteriosa isla del Esqueleto, una búsqueda llevada a cabo por el propio Silver, su inseparable guardián Israel Hands y un grupo de hombres decididos a acabar con el aguerrido capitán y salvar así a la cautiva Madi. Inapelable la demostración de músculo televisivo en la confección de este tour de force con una sublime coreografía de combates a espada entre Flint y los hombres de Silver, un enfrentamiento que acabará con el inevitable choque entre los dos amigos, un pseudo-duelo que nos retrotrae con mucha nostalgia al cine de la vieja escuela de maestros como Don Siegle o John McTiernan. Pero es el amigo Rogers quien vuelve a intervenir en un momento tan dramático. Para alegría de todos nosotros.

Ya sabíamos que los niveles de ira y perseverancia del gobernador Woodes Rogers eran directamente proporcionales a la eficacia contundencia y brillantez de sus planes, y tras la conversación mantenida con Madi, se dará cuenta de que necesitará algo más que amenazas para doblegar a los piratas y acabar con todas las rémoras que se interponen entre él y el ansiado cofre del Urca de Lima. Para ello, y sirviéndose astutamente de la opacidad de la sinuosa e inoportuna niebla que cae sobre la isla, moverá ficha y volverá a hacer gala de sus endiabladas dotes de estratega, acercándose junto a sus hombres sigilosamente hasta el Walrus, reduciéndolo a cenizas, y masacrando a la indefensa tripulación que huye despavorida de las llamas para acabar chapoteando en el agua, a merced del fuego de los despiadados mosquetes ingleses. La verdad es que ha sido toda una sorpresa ver a Billy Bones participando en la masacre y matando a sus hermanos, pero quiero pensar que es su modo de seguir ganándose la confianza de Rogers para redimirse en el último capítulo. Sinceramente, creo que esto es más que suficiente para incluir al infame gobernador en el grupo de personajes más odiados de la televisión, al lado de auténticas eminencias como Ramsay Bolton o Philip Blake, de TWD, más conocido como, fíjate tú por dónde, el Gobernador.

Y ya para ir finalizando con el tema de este omnipresente y fantástico antagonista que ha elevado el nivel de la serie varios enteros por su carisma, su tridimensionalidad, y su similitud con una carga de nitroglicerina andante, me gustaría añadir que solo hay una cosa en el mundo que me haría más feliz que el anuncio de una posible secuela de Black Sails, y hablo de acabar de una vez por todas con él, el susodicho pérfido viudo negro Woodes Rogers. Y casi que parafrasearé a un personaje de la televisión patria que comparte más de un atributo con el infame gobernador, y me refiero al malévolo, ingenuo y desternillante Antonio Recio, con una de sus frases más míticas: “Tendría que morir entre terribles sufrimientos”, aun a riesgo de caer en alguna flagrante incoherencia literaria con el recurso de las contraproducentes licencias argumentales, obviando con ello los numerosos textos históricos que hablan de su regreso triunfal a Gran Bretaña. Yo de momento le nomino a sentarse justo al lado de la mismísima reina de los Siete Reinos, Cersei Lannister, porque después de colgar al inolvidable Charles Vane, despellejar vivo al capitán Barbanegra, arrasar Nassau con ayuda de los españoles, y masacrar sin piedad a buena parte de la tripulación del Walrus, desde luego aptitudes no le faltan.

Ya solo nos queda esperar para disfrutar la próxima semana del último pase de este espectáculo que ha supuesto Black Sails. Los que amamos con locura esta serie sabemos que un pedacito de nuestro corazón morirá con ella, pero para bien o para mal, también tenemos presente que ya estamos acostumbrados a este tipo de situaciones, porque cuando llegue el momento y estemos a punto de acabar otra gran serie como la que nos compete en esta ocasión, nos invadirá una extraña pero conocida sensación de que nos encontramos ante un delicioso déjà vu, una señal de que la galaxia seriéfila brilla con intensidad, y una colleja mental con el mensaje de que la televisión aún puede seguir regalándonos buenas historias, historias con la capacidad de hacernos vibrar, de hacernos reír y llorar, de atraparnos y viciarnos hasta el infinito, y que el tema latente de la existencia de una burbuja en el mundo de las series no es más que otro déjà vu, creado con el único propósito de declarar un falso apocalipsis en nuestro universo de ocio, y de paso jodernos la marrana; porque ¿quién en su sano juicio puede afirmar sin dudar ni un segundo que las series están de capa caída? Esperad. Empezaré por nombrar a todo seriéfilo hijo de vecino que aún no haya puesto su ojo de Mordor en el show de piratas de Starz.

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3 comentarios

  1. Clay

    Todas las piezas están colocadas ya para la jugada final. No tengo tan claro que Billy vaya a redimirse, teniendo en cuenta que en el libro es perseguido y odiado por Silver y el resto de sus compañeros. Buen guiño recuperar a Ben Gunn; si son fieles a la obra original, tenemos ahí al forzado candidato a quedarse en la isla custodiando el tesoro. La mayor duda que me queda es sobre el final de Rogers y Flint… aquí sí que creo que se tomarán algunas licencias/incongruencias en pos de un final más satisfactorio para el espectador.

  2. UPIRI

    Yo no creo, ni deberían, tomarse licencias. También de Starz era Spartaco y pedí a los dioses (y casi me lo hicieron creer) que ganasen la batalla final y cambiasen la historia, pero no, crucificados toditos.

    Comparto la reseña, con pena y rabia termina la serie, pero al fin y al cabo son los sentimientos que deben acompañar a la marcha de un buen amigo. Mejor irse y dejarnos con este gran sabor de boca.

  3. sofi

    Gran capítulo y muy emocionante la escena en la que Silver y Flint se enfrentan. Felizmente fueron interrumpidos por Roogers, que por una vez en la vida hizo algo bueno. ¡Como he llegado a odiar a este hombre! al que en un principio me caía muy bien. Espero que le hagan pagar todas y cada una de las muertes de nuestros entrañables piratas. Especialmente la de mi querido y recordado Charles Vane y la de su maestro el capitán Barbanegra.
    También debo mencionar que me dio mucha pena el bombardeo hacia el “Walrus”, el navío emblemático del Capitán Flint y que nos acompañó desde el primer capítulo. QEPD.

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