Review Black Sails: XXXI

rackham

AVISO SPOILERS: En este artículo se habla libremente de la serie. Por tanto si aún no has visto el XXXI (4×03) mejor no seguir leyendo, y si lo haces, que sea bajo tu responsabilidad.

Ya falta menos para el final, y muchos de los que hemos llegado a amar esta serie podríamos tirar del generoso refranero español para aplicar al XXXI de Black Sails aquello de que “no hay dos sin tres”. Al contrario que los más puristas, que aludirían, sin siquiera pestañear, a fuerzas de la naturaleza como la casualidad para justificar lo que está siendo un apabullante comienzo del adiós definitivo de nuestros piratas, más aún cuando empezábamos a sospechar después de ver el XXX que probablemente esta semana tendríamos un episodio de transición, un pequeño alto en el camino para ir procesando todo lo que habíamos visto hasta el momento, y cómo no, para teorizar acerca de lo que estaba por llegar. Nada más lejos de la realidad, pues el XXXI se erige como uno de los mejores episodios de lo que llevamos de serie. Y creedme, no es difícil llegar a esa conclusión una vez se acaba.

“El momento requiere de hombres sombríos, para que hagan cosas sombrías” le dice Berringer a Rogers. Y razón no le falta. Ya vimos la semana pasada cómo los guionistas soltaban la liebre con el inminente viaje de Eleanor a Philadelphia y la huida de Rogers hacia alta mar. Sin duda alguna, un giro interesante, aunque también arriesgado, por no saber si ese doble juego del gato y el ratón era lo que realmente necesitaba la serie. Y sin perder ni un segundo, y nada más acabar la melodía de la cabecera, nos dejan entrever que será el gobernador Rogers quien mueva ficha primero, y lo hará con un plan que va mucho más allá de huir a la desesperada. Hombres sombríos para cosas sombrías.

En lo que se refiere a Nassau, la opción de la guerrilla va ganando fuerza, y solo es cuestión de tiempo que Flint y su gente consigan los apoyos necesarios para atacar a los ingleses. Mientras tanto, mar adentro Barbanegra y Rackham persiguen a Rogers, subestimándolo y confiando en una victoria cómoda. El gobernador Rogers, sin duda alguna el protagonista absoluto de este XXXI, un tipo que se presentó en la isla de Nassau con la noble intención de poner orden de la manera más pacífica posible, pero que acabará siendo devorado por sus propios fantasmas.

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Aunque sabíamos desde el minuto uno que Rogers tenía un plan, habría sido difícil vaticinar su éxito total, y con cierto cariño nos habríamos inclinado por una victoria de los piratas. De esa manera, la guerra por el control de Nassau adquiriría algo de equilibrio tras lo ocurrido en el puerto. Así lo deseábamos. Y en parte así fue, o al menos en la isla. Porque en ausencia del gobernador, el despiadado capitán Berringer toma el control, los acontecimientos se precipitan, y la primera en sufrir las consecuencias es nuestra omnipresente business woman Max, acusada de traición por conspirar con nocturnidad junto a Jon Silver. Francamente, y aparte de su furtivo encuentro con Silver en la playa la semana pasada, la trama de la madame no encuentra su espacio en esta última temporada, y aunque Jessica Parker Kennedy cumple con su trabajo actoral, el guión no le está favoreciendo, algo que nos entristece sobremanera porque nos encanta el personaje de Max, con sus aristas y sus matices.

No obstante, es su reunión con John Silver y el rastro que deja lo que hace que los hombres de Berringer estén a punto de capturarle, pero como era de esperar, y diría que hasta necesario, Silver se reencuentra al fin con sus amigos, quienes le salvan en el último momento de ser llevado ante el hombre de Rogers. Es hora de la ofensiva, y junto a Madi y el capitán Flint, acudirán a la llamada desafiante del bravucón de Berringer, no sin antes conseguir el apoyo necesario de la población local, descontenta con los métodos utilizados por el gobernador y sus hombres. Y una vez más, los recursos del canal premium Starz se ponen a disposición de los mejores especialistas en lucha para brindarnos otro gran pulso entre los dos bandos, una batalla a espada y pistola a la que se unirá en última instancia Billy Bones, aparcando sus diferencias con el capitán Flint e inclinando la balanza a favor de la causa pirata. Todo esto en tierra firme.

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Porque en alta mar las cosas no van bien para Teach y compañía. El gobernador Rogers suma y sigue, primero dejando a Eleanor sin billete de barco a Philadelphia, y segundo y lo más importante, neutralizando a Barbanegra y ganándole la partida, mostrando con ello un nivel de crueldad escalofriante, y muy pocas veces visto en la pequeña pantalla, lo que hace que sea inevitable no tener una reminiscencia clara y nítida del Jesucristo azotado y despellejado de la Pasión de Mel Gibson. Francamente, deja muy mal cuerpo ver al grandullón de Ray Stevenson convertido en un despojo humano después de ser torturado por ni más ni menos que el mismísimo Ramsay Rogers, atado de pies y manos y arrastrado como un muñeco de trapo, de lado a lado, de babor a estribor, bajo la callosa y cortante quilla del barco. Un castigo cruel, incluso para este ex-corsario convertido en aristócrata. Una idea que se esfuma rápidamente tras oírle contar la masacre que cometió con los piratas que mataron a su hermano.

Al final, el asalto naval en aguas del Caribe se ha cobrado una víctima de mucho peso como es el capitán Teach, el hombre que estaba llamado a vengar la muerte de quien iba a ser su heredero al trono pirata. Un movimiento natural con el que muchos soñábamos, por el carisma del indomable Charles Vane y su sacrifico por el futuro de Nassau. Y aunque los libros de historia hablan de las hazañas de Rogers y su incansable lucha contra los piratas, y de cómo volvió a Inglaterra para ser proclamado como héroe nacional, personalmente no me importaría ver cómo lo atraviesa la espada de Flint o Silver. De momento, el XXXI ha servido para afianzar su papel y anunciar su candidatura a ser el auténtico madaffacka del show de Black Sails. Rest in Peace al bueno de Barbanegra.

Podemos sacar varias conclusiones después de ver este XXXI, personalmente me quedo con dos que tienen que ver con Rogers. Una, que aspira a ser un digno adversario. Y dos, que venderá muy cara su piel. Y si ha sido capaz de tejer una telaraña de sangre y muerte para atraer a Barbanegra hasta sus fauces, no me quiero ni imaginar cuán listo era su hermano, víctima colateral de piratas, y al que cita en su poderoso speech a Berringer. Como dije, no hace falta ser un genio para afirmar que lo que hemos visto esta semana en el XXXI ya se ha colado por méritos propios dentro del ránking de los mejores episodios de toda la serie. Es más, incluso me ha servido para acuñar un nuevo acrónimo dentro del universo de las series: el episodio “Red Hodor”, una mezcla entre Hodor y la Boda Roja de Juego de Tronos. En la guerra siempre hay pérdidas. Y riesgos que correr, y sacrificios que hacer. La última imagen de un sanguinolento guardapelo mostrando las fotos de la mujer y la hija del degollado capitán Berringer da fe de ello.

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3 comentarios

  1. Birima

    Este capítulo me tuvo pegada a la pantalla hasta el final. La muerte de Teach me pilló totalmente por sorpresa pero es que la de Berringer también. Hay crueldad y sadismo pero teniendo en cuenta todo lo que hay en juego y las historias personales…lo que da como resultado es entretenimiento y ganas de mucho más. Muy buena review. Nos tienes enganchados!

  2. UPIRI

    Y digo yo que no veo ni medio normal que rindan el barco cuando tenían mas cañones y mas hombres. Como no sea por el hecho de que capturasen al capitán… pero ni por esa me cuadra. Me ha parecido torpe el como se llega a esa situación… que Barbanegra ya peina canas y no es (era) tonto.

  3. sofi

    ¡¡¡Excelente capítulo!!! Una gran perdida de Teach, quien ya se había convertido en uno de mis piratas favoritos.
    Lo que no me lo esperaba es la crueldad con la que Rogers lo mató. Un hombre a quien siempre he visto tan educado y amable, no creí que fuera capaz de una crueldad semejante.¡Se me cayó!

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