Recomendaciones Netflix: Marco Polo

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Las expectativas son una idea de futuro, una especie de flashforward que se aloja en nuestras cabezas sobre algo o alguien y que, en la mayoría de las veces, se transforma en un problema. Esto mismo es lo que le ocurrió a la serie Marco Polo de Netflix.

Con 90 millones de dólares de presupuesto, ponerse a la tarea de contar una historia sobre el aventurero italiano en tierras mongolas, con soberbios paisajes naturales y reales, sin el 3D que todo lo pinta -aunque usándolo en determinadas escenas para recrear grandes fortalezas y murallas y con algún que otro efecto visual impactante-, con cientos de guerreros reales y sin clonar pertrechados con sus aparejos de batalla, caballos por doquier, con las yurtas de los mongoles cubriendo las planicies, con fuego brillando en la noche y batallas trepidantes, con secundarios y principales que soportan varias tramas… Con todo eso no sólo eran muy altas las expectativas, sino que enseguida surgió la comparación y claro, echando un vistazo al horizonte televisivo de las series, de inmediato se planteó una ecuación tan envenenada como irreal:

¿Marco Polo = Game of Thrones?

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Y a partir de aquí llegaron las críticas, cuando no los palos, porque ambas series son distintas desde su concepción.

Así que Marco Polo sí es distinta y quizás no tanto por la temática guerrera y pseudomedieval que nos muestra al igual que Game of Thrones, sino porque cuenta otra historia de otra manera. Limitada en este caso a cubrir los vacíos que los libros del aventurero Marco Polo dejaron, fue necesario ficcionar episodios y circunstancias, inventando tramas y conflictos para conseguir crear un producto atractivo que conquistase a los espectadores con ese ese arma de doble filo que pende siempre sobre la narrativa como es “la verosimilitud”. Sin tantas localizaciones, la tensión y las intrigas palaciegas son el soporte de la historia de una forma más doméstica y cercana. Su realización prioriza la belleza de las imágenes sobre otros aspectos dando a las batallas y a los combates individuales un toque personal donde las artes marciales orientales están omnipresentes. Su excelente factura nos dejará planos vertiginosos que se alternan con la cámara lenta recordándonos a títulos míticos como Kill Bill o Hero, donde tanto hombres como mujeres se baten con sus espadas y lanzas en una perfecta coreografía que nos deja unas imágenes de una belleza increíble.

Esa manera de rodar, de ir más allá de lo que significa contar una historia en imágenes, se nos mostrará de forma sistemática en casi todas las escenas de la serie. Desde las lujosas, cálidas y casi penumbrosas estancias palaciegas hasta los rabiosos paisajes naturales. Desde las cruentas batallas donde vemos cómo se embadurna de aceite a cientos de corceles y se les prende fuego para que en su salvaje y terrorífica galopada nocturna arrasen el campamento enemigo, o cómo a los prisioneros después de descuartizarlos se lanzan sus cabezas a una enorme perola de agua hirviendo, hasta las imágenes que nos brindan el harén de concubinas al servicio del Kahn para disfrute de él y de sus amigos y aliados practicando un sexo sin tapujos y donde las mujeres desnudas se mueven y actúan por las diferentes escenas con una lentitud y elegancia tan típicas en la cultura oriental como si la música estuviera en sus cabezas y las acompañara en esa danza.

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Una historia primitiva y cruel que nos muestra unos pueblos considerados por los occidentales como salvajes. Esos mismo occidentales que en el periodo del siglo XIII en el que se ubica la historia de Marco Polo, recogida en su segundo libro y en la propia serie, lanzaron nada menos que nueve cruzadas contra los habitantes de aquellos territorios “paganos y usurpadores de la religión y de los Santos Lugares” practicando todo tipo de aberraciones contra ellos y que, gracias a la Historia, hoy se conocen. Una violencia que mirada desde nuestra perspectiva es repulsiva, pero que a través de lo que vemos y cómo nos lo cuentan, sirve para hacernos una idea bastante fiel a la realidad del carácter salvaje y depredador de aquellas civilizaciones a las que les tocó vivir una época tan convulsa sin poder determinar con claridad, bajo nuestra moral y ética actuales, quiénes eran los buenos y quiénes los malos.

La serie arranca en Venecia con el joven Marco Polo (Lorenzo Richelmy) esperando el regreso de su padre Niccolò Polo (Pierfrancesco Favino) de uno de sus viajes a oriente. Un mercader a quien no ha visto desde que era un niño. A la vista de que su padre está preparando el próximo viaje, le acaba convenciendo para acompañarlo. Sus ganas de aventura, de recorrer más mundo que el de los canales de su ciudad, de conocer otras culturas diferentes nos lo sitúan desde casi al principio a caballo y camino de la ansiada y codiciada Ruta de la Seda.

El largo viaje le llevará hasta Karakórum, la capital y corte del Kublai Kahn (Benedict Wong). nieto y heredero de Genghis Kahn, el gran emperador de Mongolia, y que ahora necesita expandirse hacia el sur para conquistar las tierras de China. Pero sucede algo que significa el verdadero comienzo de la historia: por esos tejemanejes típicos de los comerciantes de la época, su padre se verá metido en un lío importante con Kublai Kahn y sólo logrará su liberación si deja a su hijo Marco como prenda.

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Un detalle éste muy significativo y que determinará el perfil psicológico de Kahn, donde descubriremos una afición desmedida por su parte a coleccionar aquellos a los que derrota y humilla para luego convertirlos en sus consejeros, como al propio Marco, al que le llamará El Latino, o en el caso de su hijo adoptado Ahmad (Mahesh Jadu), un árabe arrebatado a sus verdaderos padres a los que dio muerte en una de sus conquistas y al que nombró su Viceministro. O el ejemplo de su guardián más fiel, al que llama Hundred Eyes (Tom Wu), un monje y luchador de artes marciales de una destreza fuera de lo común y al que el mismo Kahn, cuando en el feroz ataque a su Monasterio y debido a las numerosas bajas que causó entre sus hombres, ordenó arrancarle los ojos retándole a que luchase de la misma forma pero ahora sin ver.

Pero lo mejor es que “Cien ojos se rehizo a su tragedia y buscó refugio en aprender desde cero aquellas artes, esa lucha que antes de quedarse ciego dominaba a la perfección. Y tal fue su empeño que, a costa de un durísimo trabajo y entrenamientos agotadores, acabó convirtiéndose en el mejor luchador de toda la Corte. Fue entonces cuando el propio Kahn le otorgó el cargo más alto de su Guardia Personal.

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Así es el Kahn de Kahnes que vemos, el Kublai emperador del trono mongol cuya crueldad contrasta con la atención que profiere a sus más fieles y cercanos, y cómo no a sus “colecciones”, a los que cubre de atenciones y los dota de todo aquello que necesiten. Sus más fieles, sí, pero también a los que su pasado jamás les abandonará y la idea de venganza quedará anclada en sus cabezas esperando al acecho de cualquier oportunidad para salir con fuerza y ejecutarla. De entre todos, será Marco Polo el único que adopte la postura más fiel y sincera con el Kahn defendiéndole cuando haga falta de sus enemigos externos e internos y exponiéndole sus ideas con tal sinceridad, aún en desacuerdo con él, que tal franqueza irá ganando al emperador convirtiendo al Latino en una pieza fundamental como consejero de la Corte y de él mismo.

Pero en toda Corte que se precie, además de intrigas que en este caso crecen al mismo rito que se incrementa el poder del Emperador, está el amor rondando por los rincones. Amor entre iguales; amores imposibles por desiguales; amor por la inercia del amor, como el de la esposa del Kahn, la Emperatriz Chabi (Joan Chen); amor de Marco por Kokachin (Zhu Zhu), La Princesa Azul que no es tal princesa sino la usurpadora de un título que tomó de otra en trágicas circunstancias y que fue incorporada a la peculiar colección humana del Kahn; o el sexo, más que el amor, del propio Marco esta vez con la bella Shoreh (la catalana Laura Prats); o el amor retorcido e interesado de Ahmad, el Viceministro por una de las concubinas del Kahn, Mei Lin (Olivia Cheng) a la que chantajea con su hija pequeña, que tiene secuestrada, con venderla al mejor postor si no se rinde a sus deseos y juegos sexuales donde el cambio de papeles hace que la esclava sea la que manda y el que obedece es el que mandaba.

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Ante este panorama, El Kublai, acusado por algunos miembros de la Asamblea de Nobles de haber conseguido el poder de forma fraudulenta, y obsesionado para que su único hijo y heredero al trono El Principe Jingim (Remy Hii) le dé un descendiente que garantice la continuidad de la Dinastía, y al ver que este hecho se retrasa y le turba sus pensamientos, su esposa La Princesa Chabi decide intervenir a escondidas de su esposo y mediante una maniobra maquiavélica acabará convenciendo a La Princesa Azul para que contraiga matrimonio con su hijo y les dé el heredero que necesitan. Un hecho cruel y dramático que traerá graves consecuencias para todos ellos.

Con toda la presión bajo sus hombros, el Kahn decide emprender la expansión de su Imperio primero hacia China, una cultura y costumbres que admiraba, y arrebatar el poder a un personaje oscuro y terrible como pocos: El Canciller Jia Sidao (Chin Han), quien está al mando del Imperio Chino tras arrebatar mediante un golpe de mano el control del Imperio a la Reina, su sucesora natural, y hacerse cargo en exclusiva de la custodia y tutoría del Niño Emperador hasta su mayoría de edad. Y así, y mientras llega ese momento, el Canciller irá manejando los hilos de la política a su antojo sin que nadie se interponga en su camino. Su crueldad tranquila y sin aspavientos, su sadismo para con los más débiles y sus manejos para perpetuarse en el poder a costa de lo que sea, nos dejará increíbles momentos donde nuestro odio al personaje pareciera que iba a tomar al asalto la pantalla y acabar violentamente con él.

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Pero como suele ocurrir a todos los Imperios, cuanto más quieren abarcar menos aprietan. Y su expansión fue considerada peligrosa por aquellos que también querían expandirse. El Papa Gregorio X, ayudado por el padre de Marco, al que ahora reconocemos en otras habilidades al margen de las puramente mercantiles, y contando con los cristianos de Mongolia a los que el Kublai Kahn había dejado crecer sin preocuparle mucho sus actividades dentro de sus territorios, decide atacar el expansionismo mongol arrasando pueblo tras pueblo, ciudad tras ciudad donde la Cruz se erige omnipresente tras cada sangrienta batalla.

Marco Polo no formó ni formará parte de sesudas tertulias en bares o programas, ni tampoco ocupó ni ocupará columnas en la prensa especializada. Pero Marco Polo sí que tuvo su respaldo entre muchos espectadores. Aquellos que, sin renunciar a otros productos, priorizamos el entretenimiento como la base de la ficción de cualquier tipo. Y si hay algo que caracterice a esta serie de Netflix es precisamente eso, el entretenimiento.

Creada por John Fusco, un guionista con títulos como “El Reino Perdido” y “Cruce de Caminos”, hoy convertida en una de esas perlitas de la cinematografía que quedan en el recuerdo, deja huella en Marco Polo de su gran afición por el mundo oriental y sobre todo por las artes marciales de aquellos. Y lo hace con un plantel de actores desconocidos para la mayoría, pero que resuelven sus papeles de una forma magistral, haciendo que la historia avance sin que en ningún momento rechine su interpretación, sino otorgándole a la historia una credibilidad digna de premios que tal vez nunca conseguirán.

A Netflix parece que le costó decidirse a renovar por una segunda temporada, seguro que debido a su alto presupuesto, pero al final lo hizo y es de agradecer su decisión y valentía a sabiendas que la primera no tuvo la repercusión que tal vez esperaban. El final de la segunda temporada es lo suficientemente “abierto” como para que renueven por la tercera. ¿Se decidirán en esta ocasión también? No se sabe nada, pero desde este lado de la pantalla somos muchos, muchos más de lo piensan algunos, que deseamos que así sea.

Mientras llega ese día, si es que llega, os dejo con la última imagen del último capítulo de esta segunda temporada y que, de existir una tercera, ya tendríamos detalles suficientes para conocer qué camino irá a tomar la historia…

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11 comentarios

  1. Dema

    La primer tempoarada me gusto mucho, una lastima el bajon que tiene en la segunda, siendo muy flojo, y no estando a la altura…

    • Yo no diria que tiene “bajón”, es más pausada eso sí, pero esto nos permite conocer más detalles y más profundos sobre la psicología de los personajes y es que la segunda temporada es absolutamente de ellos. ¿Qué ocurrió entonces con la primera? Pues que tenía más acción visual y menos sentimental como sí lo tiene la segunda, y es precisamente en esta donde los conflictos comenzarán a resolverse. Conflictos generados ya en la primera y quizás a esto se deba tu impresión.

  2. Sonia

    Leyendo esta magnífica recomendación no hay más opciones que disfrutar de la serie. Puede que no la hubiera visto sin ella, como me sucedió con Making a murderer, que la portada de Netflix en la tele no invitaba a verla y el sugerente comentario aquí me enganchó. Muchas gracias por ser mi mejor guía en el planeta Netflix.

    • Pues muchas gracias, de verdad!! Confío en que mis recomendaciones te sigan causando el mismo efecto como hasta ahora. Aunque todos sabemos que esto de la ficción es un terreno pantanoso donde dos que leen la misma novela o ven la misma película o serie, pueden llevarse impresiones bien distintas dependiendo de cómo les haya llegado la historia.

  3. andres

    Pocas series me producen sueño, y menos si tienen artes marciales y mongolas desnudas, pero no he podido pasar del tercer capítulo. Y mira que he visto series lentas, pero con este artículo creo que en algún momento de los próximos años, haré todo el esfuerzo por ver el cuarto.

    • :)) Harás bien, pero no esperes mucho no sea que a NETFLIX le dé por hacer una tercera, cuarta y quinta temporada, que ya sabes cómo funcionan estas cosas.

  4. Michel

    Me sorprende que se equipare esta serie con “Game of Thrones” cuando sus características tienen más similitudes con la genial “Spartacus”, vamos si hasta se ve en los tráilers el parecido. Aquí en Todoseries “Spartacus” fue una serie muy seguida y muy querida, seguramente recibiría más seguidores si se equipara “Marco Polo” con las aventuras del tracio gladiador, como ocurrió en su momento “Banshee”, sucesora directa de “Spartacus”.
    En cuanto a la serie “Marco Polo”, la segunda tampoco está tan mal como pretenden pintar algunos seguidores pero bueno, cuestión de gustos. Buena entrada por cierto.

    • Muchas gracias!! Tienes toda la razón, lo curioso es que la comparación con GoT surja por el presupuesto elevado y no por el fin que tiene y que no es otro que el entretenimiento.

  5. Junior

    Esta serie es muy buena jamas quisera que la terminen, espero que sigan firmando mas partes y que se haga como una Guerra de tronos.

  6. yo

    Gran serie. Y no os perdáis un capítulo especial, fuera de las dos temporadas, que cuenta la historia del monje.

    • Gracias por la recomendación. Aún no lo he visto pero el perfil de Cien Ojos es suficientemente bueno como para dedicarle un capítulo especial. Próximamente caerá.

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