Recomendaciones Netflix: Bloodline (segunda temporada)

La segunda temporada de una serie suele ser la prueba del algodón para saber si los guionistas tenían en sus cabezas una historia más extensa y con la misma intensidad. Es aquí donde veremos el alcance de su creatividad para generar tantos saltos y conflictos, tanto dramatismo y tensión como para volver a engancharnos otra vez. Y en esta segunda de Bloodline lo consiguen… pero a medias.

Recordemos que la primera termina con el asesinato de Danny por parte de John y donde Meg y Kevin son cómplices de su muerte por haberlo ocultado protegiendo con ello a su hermano. Todos intentarán continuar con sus vidas y huir de la culpa de lo que pasó con Danny, pero será una huida fallida y no tanto por el remordimiento de aquél acto, sino por las repercusiones que aquella acción podría tener para la estabilidad de sus vidas. No nos olvidemos que ellos, los Rayburn, son ante todo una maravillosa familia que vive una vida maravillosa…de puertas para afuera.

Esta segunda temporada arranca con un ritmo y una tensión asfixiante donde John se convierte en el protagonista principal. Acuciado por las investigaciones de sus propios compañeros de la policía que como sabuesos siguen el rastro de los últimos días de Danny con más intensidad y empeño de las normales para demostrarle a él su solidaridad por lo ocurrido. Lo malo es que John no quiere esa solidaridad, no le gusta ese empeño porque cualquier pista revelada correrá en su contra y por eso vive entre la amargura y el miedo a ser descubierto. Él y sus dos hermanos Kevyn y Megan, a los que indirectamente y sin quererlo, transmite la presión que está sufriendo.

Lo que desconocía John es que su hermano dejó grabada antes de morir una cinta acusándole de ser él quien ocultó la droga que previamente había escondido el propio Danny en el cobertizo del Hotel de los Rayburn. Una cinta que el propio Danny hizo llegar a manos del narco de la zona Wayne Lowry en un acto claro de venganza contra su hermano y de paso contra su familia. Lowry es el mismo que urdió la quema del barco con las mujeres inmigrantes dentro con el fin de no ser descubierto y donde no hubo supervivientes, ese mismo que ahora está más y más acorralado por la DEA que investiga la red del narcotráfico en la zona, pero también por los propios compañeros de John.

Ante esta presión y para zafarse de ella y poder continuar con sus negocios, Lowry decide mostrarle la cinta a John haciéndole escuchar lo que su hermano Danny dijo de él para después chantajearle con hacer público el contenido de la grabación si éste no le facilita los lugares y horarios de la policía en la zona lo que le posibilitaría el desembarco de la mercancía eludiendo todos los controles. Pero cuando más acorralado se encontraba John por el chantaje de Lowry, aparece en escena el padre de una de las chicas que murieron quemadas en el barco de Lowry y decide vengarse de éste asestándole varias puñaladas. John respira aliviado al enterarse, pero ese alivio poco le va a durar porque la famosa cinta que grabó Danny no aparece entre los objetos incautados en el registro de la casa de Lowry. ¿Dónde está la cinta? ¿Quién la tiene?

La última alternativa que le queda a John es presentarse a las elecciones para Sheriff , pues el cargo le proporcionará la inmunidad y el control que necesita de cara a que aparezcan nuevas pruebas. Pero incluso aquí contará con un adversario implacable: El actual Sheriff Aguirre (David Zayas-Dexter) tiene intención de presentarse a la reelección compitiendo con John, y sibilinamente lanza el mensaje a sus hombres, con Rayburn presente en la sala, de que no cejará en el empeño de buscar al culpable del asesinato de Danny. Justo lo que John no deseaba que pasara, pues su interés y el de sus hermanos es que el caso de Danny quedase resuelto y cerrado con la muerte de Lowry, pues sobre éste recaen todas las sospechas de su asesinato. Esto provocará que sus ansias por conseguir como sea el cargo de Sheriff se incrementen. No es el puesto lo que está en juego, es su supervivencia y la de sus hermanos, la de su familia entera. Así se lo hace saber a sus dos hermanos, nombrando a Meg su directora de campaña.

Un rico hombre de negocios, amigo de su padre, aparece en escena para financiarle la campaña sin pedir nada a cambio… de momento. Y tanto es su interés en que John la gane, que sin que él lo sepa contacta con su hermana Meg, a petición de ésta, y le facilita un sobre que contiene información muy comprometida sobre el Sheriff Aguirre. Con este acto, Meg da un salto en la trama global de la serie asumiendo un papel protagonista que no tuvo en la temporada anterior. Ahora ya es parte activa en el proceso de salvarse ella y salvar a sus dos hermanos mediante las malas artes y el engaño.

Esta historia tiene dos claros protagonistas y no hacen falta más: John y Meg. Por el contrario el papel de su hermano Kevin es errático. No me interesa su adicción a la cocaína ni al alcohol. No me interesan sus continuos fracasos en el negocio de la reparación de barcos, ni sus conflictos con su esposa. Es un personaje perdido y abrumado por las circunstancias, un personaje de esos que por muy mal que le vayan las cosas, no sientes ni pena. A esto se le une ese afán por parte de los guionistas de no dar por perdido a Danny, el personaje estrella en la anterior etapa, mostrándonos continuos flashbacks donde le vemos en su perfil más paternal enseñando a su hijo Nolan (Owen Teague) los entresijos de su trabajo como cocinero. Y tanto es el afán de que no nos olvidemos de Danny, que Nolan es muy parecido físicamente a su padre. Caracterizado con la misma chulería que éste, fuma, bebe y habla como él.

¿De verdad no se dan cuenta de que en su día ya asumimos que Danny no estaría? Si quedó tan magníficamente hecho el cierre de ese personaje ¿por qué siguen insistiendo en recordarlo ahora y encima colocándonos a su hijo en esta parte? Ya sabemos que su recuerdo siempre estará presente en todos por la forma dramática en la que desapareció. Ya lo sabemos, y como lo sabemos no hace falta que nos lo recuerden cada dos por tres. Ni a él, ni a su ex mujer, una joven desfasada y madre de Nolan y que ahora nos enteramos que recibía una pensión por parte del jefe del clan de los Rayburn para costear la manutención de Nolan. Y si ella no me interesa, menos lo hace Sally, una madre agobiada por esta circunstancia y con continuos arrebatos de sospecha hacia sus hijos a los que no cree sinceros con lo que le pasó a Danny, y todo gracias a las dudas que ha sembrado en ella el antiguo compañero de su esposo, Lenny Potts un ex policía que sabe lo que ocurrió cuando todos los hermanos ocultaron y callaron los malos tratos recibidos por Danny por parte de su padre al hacerle responsable de la muerte de su hija. Y tanto sabe éste hombre sobre la familia Rayburn, que sospecha lo que le pudo ocurrir a Danny, y sospecha de John. Pero de repente, y sin explicación convincente alguna, Lenny desaparece en uno de los capítulos de mayor intensidad. ¿Qué pasa? ¿Que era demasiada presión hacia John desde varios frentes y resultaría difícil explicar cómo con tanta gente investigando al mismo tiempo y el mismo caso, ninguno de ellos dio con la pista para imputarle? El resultado ya lo sabemos: “Vamos a aliviar la presión sobre el protagonista en este punto para meterla en otros capítulos”.

Y aquí retomo la reflexión que hacía al principio. A veces las historias se estiran y estiran cual chicle, dándolas una duración que no deberían tener. Ya es significativo que la primera temporada tuviese trece episodios y esta segunda sólo diez. Aunque, visto lo visto, lo mismo se tendría que haber quedado en siete concentrando toda la historia en los únicos personajes protagonistas que tiran de la trama.

Sigo recomendándola por los dos protagonistas. Meg y John van tirando de unas tramas intensas, dramáticas y plagadas de una tensión tal que nos hace regresar al mejor género negro de la ficción. Y las historias de ellos sí que resultan interesantes, sí que son un acierto. Las demás sólo relleno.


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