Recomendaciones Netflix: 3%

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En una ciudad devastada y posapocalíptica donde los edificios en ruinas se alternan con las favelas, donde sus gentes carecen de trabajo y futuro mientras su juventud se amarga y desespera ante la imposibilidad de conseguir una vida mejor y más digna buscando alternativas de urgencia que sólo agravaran su problema, surgió años atrás, como casi siempre sucede cuando las cosas toman este rumbo, la figura de unos salvadores: “Los Fundadores”. Un matrimonio que quiso poner fin a la miseria y falta de oportunidades de los jóvenes y creó en una isla muy alejada de la costa: un ecosistema futurista al que llamaron “El Extranjero” y donde esos jóvenes, chicos y chicas sin más opción que consumirse en las calles, tuviesen la oportunidad de vivir una vida plena y sin penurias de ningún tipo. Pero claro, aquel territorio, aquella isla convertida en paraíso, no tiene capacidad para albergar a todos, así que hay que elegir. Y como también suele ocurrir cuando las cosas toman ese rumbo, la selección será la de los mejores: el 3% que da título a la serie.

Acostumbrados como estamos a navegar por las aguas de la ficción televisiva en grandes transatlánticos y lujosos cruceros donde el dinero cubre de recursos cualquier rincón, donde al son de la orquesta bailan grandes actores, donde los majestuosos paisajes y los castillos de fuegos artificiales se suceden para que nosotros permanezcamos durante todo el viaje con la boca abierta… llega a nuestro muelle de la mano de Netflix-Brasil una pequeña barca bautizada como 3% y nos invita a subir.

3% esconde una premisa que la propia representación aritmética diluye. Así que nada mejor que la literatura para hacerla cercana y dramática:

Solo tres de cada cien jóvenes serán elegidos.

El Proceso, como así lo denominan, comienza justo cuando alcanzan los 20 años de edad. Son jóvenes entusiasmados y motivados a rabiar porque por fin algo o alguien puede acabar con el fracaso y la miseria de sus vidas. Animados por padres, madres y amigos para que participen aún a sabiendas de que si son elegidos jamás podrán regresar y nunca sabrán de ellos y de su nueva vida, chicos y chicas formando un grupo de cientos se encaminan a los pies de una montaña donde en su parte más alta y sobre una planicie se erige un edificio futurista donde se llevará a cabo El Proceso… de selección.

Vestidos con harapos, brazos y piernas sucios y arañados por la miseria, sus cabellos revueltos, el gesto duro de sus caras y con unos ojos abiertos de par en par y de mirada expectante, esperarán en la base la señal para subir mirando hacia arriba porque, como bien saben y sabemos todos, porque así nos lo han inculcado desde siempre, arriba es donde está lo perfecto y lo bello y no abajo. Por eso mismo, cuando necesitamos implorar por alguien o por algo no lo hacemos mirando al interior de un pozo, sino arriba, muy arriba… tal y como lo hacen ellos ahora pidiendo una vez más, otra más, una oportunidad que el destino de abajo les ha negado.

Caminando en fila por una senda encrespada y zigzagueante que les llevará hasta la cima, uno a uno van dejando atrás su vida anterior esperanzados en ser ellos los elegidos, aunque sabiendo que aquél que está a su lado y que tiene el mismo sueño se ha convertido desde ese momento en su competidor y en su rival, cuando no en su enemigo.

Esa radical individualidad, esa exaltación al Yo antes que al Nosotros, ese sálvese quien pueda olvidando a los que quedan atrás, a los no elegidos, ha creado una corriente contestataria integrada mayoritariamente por jóvenes, chicos y chicas que, a diferencia de los que pretenden ser seleccionados para ir a El Extranjero, han preferido quedarse en la ciudad para combatir una situación que les parece injusta. Agrupados bajo el nombre de La Causa, ellos serán los que intenten sabotear el proceso infiltrando a sus miembros en él.

Difícil tarea ésta, pues su enemigo no será sólo la organización dotada de recursos materiales y policiales abundantes para contrarrestar cualquier oposición a su tesis, sino que también encontrarán enfrente a los propios candidatos al proceso, quienes no están dispuestos a que su única oportunidad de alcanzar la felicidad a través de una vida mejor quede rota por culpa de la ideología que abandera la gente de La Causa.

Cuando por fin entran en el edificio donde se llevará a cabo la selección, también entramos nosotros y allí empezamos a ver detalles que nos recuerdan a otras historias, a otras cosas. Esa luz blanca inmaculada y casi cegadora que apaga los colores, esa decoración minimalista, esos espacios voluminosos y vacíos, los uniformes de los guardias, los de los monitores encargados de la selección, las cámaras de vigilancia… Un lugar donde se respira un ambiente enrarecido y donde se palpa la falta de todo lo entrañable y cálido que representa lo mejor de la humanidad. Una distopía que nos llega y traspasa desde el primer momento recordándonos a otros títulos de la ficción, como Un Mundo Feliz, la perturbadora Gattaca o la inquietante y cruel trilogía Los Juegos del Hambre. En ese edificio hay una figura que todo lo domina pues es él, Ezequiel (Joao Miguel), quien dirige el proceso, y nada mejor para marcar su territorio que un discurso de bienvenida a los candidatos donde exaltará los aspectos más positivos de la selección, así como la fortuna que tienen los jóvenes por participar en ella y poder conseguir así la plena felicidad que les brindará la sociedad perfecta establecida en El Extranjero.

Tan solo horas más tarde sucederá algo trágico a uno de los candidatos que hará fruncir el ceño a muchos de ellos sobre la perfección y pureza de todo aquello. Una duda que hábilmente se encargará de disipar el propio Ezequiel con su frase preferida y que repite como un mantra a cada nueva oleada de aspirantes con la clara intención de que sepan que por fin alguien les está reconociendo su maravillosa individualidad, el eje ideológico sobre el que girarán sus aspiraciones y sueños, incluso los de la propia historia.

Ustedes son los creadores de su propio mérito.

A partir de aquí, los chicos y chicas cambiarán sus harapos sucios pero llenos de color por prendas impersonales y serán reunidos en grupos para disputar unas pruebas cuyo único fin es la selección del mejor de todos, sin que “ser el mejor” signifique ser el más íntegro o bondadoso. A través de pequeños gestos, de pequeños detalles, sospecharemos quienes son los infiltrados por La Causa y seguiremos sus acciones con especial interés porque de su actos y estrategia dependerá que todo salte por los aires o no. Aunque cuando se nos revele la verdad, también sabremos que su intención no es cargarse el proceso de selección, sino conseguir superarlo para lograr llegar a El Extranjero y una vez dentro, destruirlo. Ese afán por llegar allí, por superar las pruebas, nos dejará otra perlita con tintes filosóficos de la mano de los miembros infiltrados, donde la contradicción entre lo que piensan -su ideología- y persiguen -su objetivo- les generará un conflicto interno en el que acabará imponiéndose por encima de otras consideraciones morales la segunda y en el que los medios para conseguir ese fin quedarán así justificados y sin el remordimiento en sus conciencias.

Formados en grupos heterogéneos, la historia se irá focalizando en uno de estos grupos para convertirlos en protagonistas, y dentro de esa historia coral estos serán los que tiren de las tramas provocando que, como espectadores, sea difícil no sentirnos identificados con alguno de ellos, pues cada uno refleja una personalidad y unas actitudes muy diferentes a las de los otros.

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Las pruebas a las que les someten recorrerán todo ese abanico de juegos recogidos en cualquier manual de selección y en los libros sobre el coaching y la autoayuda. Las habilidades directivas y resolutivas, la capacidad de observación, de deducción, análisis y organización, el cálculo, la lógica, la intuición, la superación de sus propios miedos, la decisión, la valentía… Esta fase nos resultará entretenida no tanto por los juegos en sí, aunque alguno hay que nos atrapará y sorprenderá especialmente, sino por las reacciones de cada uno durante y al acabar el juego. y que son observadas muy de cerca por los encargados de la selección para posteriormente emitir la evaluación a cada candidato. Porque lo importante aquí para los monitores, más que superar la prueba, es observar a los que toman las decisiones más arriesgadas y no tanto en beneficio del grupo sino lo que le beneficie individualmente a él.

Conflictos y más conflictos que saltan cada dos por tres. Luchas de egos, intrigas, peleas por la comida… todo vale para conseguir superar la prueba. Y un conflicto que se erige por encima de todos los demás por culpa del amor entre un chico y una chica, Michele (Bianca Comparato) y Fernando (Michel Gomes), un joven éste postrado en una silla de ruedas desvencijada y que más que ninguno representa las ganas de pasar al otro lado, especialmente cuando una doctora del equipo de selección le deja aturdido tras una prueba médica que le hace. El amor entre él y Michele será un amor incipiente, ese amor de los inicios sin malear y puro, porque no hay nada que lo lastre y que se impone a brazadas sobre todo lo demás. Eso es lo que piensan ellos y pensamos nosotros desde nuestro mundo real, pero el mundo que vemos, el de allí, es “otro mundo”.

Resulta una paradoja de la vida pero suele ser así, y cuando alguien propicia y se rodea de conflictos para llevar acabo su plan, acaba teniendo su propio conflicto. Es lo que le ocurre a Ezequiel, el hombre imperturbable, el que aplica las medidas más drásticas en beneficio de la selección de candidatos, aquél a quien no le tiembla el pulso cuando asiste a la tortura de alguien de La Causa que ha sido descubierto, aquél que descarta a uno u otro sin importar la desesperación de los jóvenes por huir de su pasado y su imperiosa necesidad de alcanzar una vida mejor. Ese hombre lleva en sus espaldas una tragedia tan cruel que no puede soportar. Todo esto le llevará a cometer un cúmulo de imprudencias saltándose las reglas que él mismo impone y las que le dicta El Consejo, los auténticos rectores de todo, y que han colocado bajo sospecha sus acciones tanto como para enviar allí, al centro de selección, una espía que le fiscalice. El hombre de las frases hechas e incentivadoras, de las consignas, del positivismo… ese hombre no se soporta a sí mismo y su sufrimiento y amargura por lo que hizo y lo que provocó sería el regocijo de muchos de los afectados por sus actos si pudiesen verlo cuando al acabar la jornada, noche tras noche, se refugia en su estancia para hundirse en su amargura.

Un reducido grupo consigue el objetivo final, ese 3% son los que han superado todas las pruebas, los que han luchado, los que se han impuesto a los demás dejando a sus amigos por el camino. Porque la meta era tan enorme y tan bella que cualquier decisión tomada, por muy dolorosa que hubiera sido, queda automáticamente justificada por el premio final.

En un jardín brindan los elegidos rodeados y aplaudidos por sus monitores y otros miembros del equipo de selección. Un Ezequiel satisfecho lo celebra con ellos y les comunica que ahora tan solo queda una fase para emprender el viaje a la isla. Se trata de la Ceremonia de Purificación y todos asienten contentos hasta que les detalla en qué consiste esa “purificación”. Es de suponer que el conflicto estalla en cada una de la cabezas de los elegidos, pero hay alguien que vive de forma cruel la toma de esa decisión, alguien a quien su ideal de un mundo colectivamente mejor y más justo tanto le pesa, que los medios para conseguir ese fin estarán plenamente justificados incluso a costa de una decisión que le marcará su vida para siempre. Alguien al que antes habíamos llegado a considerar como egoísta se nos muestra ahora como el más generoso de todos.

Una nave submarina y futurista con los elegidos a bordo surcará velozmente el océano en dirección a la isla El Extranjero. Lo que les espera allí no lo sabemos, pero cuando están cerca se asoman ansiosos por los ventanucos de la nave y descubren un muelle donde gigantescos focos de luz blanca, como los de los estadios de fútbol, se agrupan en línea enfocando hacia el mar deslumbrándonos tanto que son incapaces de averiguar qué hay tras ellos. Si existe una representación en nuestro imaginario colectivo de lo que debe ser el paisaje nocturno de una isla paradisíaca vista desde la lejanía, desde luego que aquello no se le parece.

Metáforas y más metáforas, referencias a cosas que suceden ahora mismo en nuestro mundo con gentes aterrorizadas que quieren escapar de sus hogares en guerra buscando una vida mejor en otros lugares… en el extranjero. Jóvenes que se alejan de sus familias buscando un futuro en países lejanos porque el suyo es incapaz de dárselo. Frases que nos suenan a otras historias, guiños a la filosofía social, a la ética, a los movimientos políticos o a las corrientes del pensamiento que surgieron a finales del siglo XIX y que apoyadas en el Darwinismo más radical preconizaron la selección dirigida y manipulada de los más fuertes. Esto es lo que nos cuenta 3%, una serie donde la falta de cuantiosos recursos no ha supuesto impedimento alguno para fabricar una maravillosa historia que llega porque es real y, sobre todo, porque es honesta.

Basada en una webserie del 2011 del mismo título, Pedro Aguilera dirige y adapta esta serie que nos trae NETFLIX-Brasil y que se presenta estructurada a lo largo de ocho capítulos de unos 48 minutos de duración. La serie cuenta con un elenco de actores muy jóvenes la mayoría y desconocidos para nosotros, pero su trabajo y dotes interpretativas sorprenden por su frescura y su buen hacer. Dirige la totalidad de los capítulos el uruguayo César Charlone, director de la potente “Ciudad de Dios” cuyos recursos narrativos se aprecian en cada rincón de 3%.

La serie nos llega ya doblada al español y desconozco si habrá una segunda temporada, aunque todo pinta a que así será dada la repercusión que ha tenido allí y que espero tenga en otros lugares. Es de agradecer una vez más a Netflix su apuesta por estos trabajos, pues de no ser así me temo que una historia como la que aquí se nos cuenta jamás hubiese visto la luz.


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10 comentarios

    • Te pasó lo mismo que a mí. Y algo así ocurre cuando una historia te atrapa. A ver si al final se animan y tenemos la 2ª pronto.

  1. Marisa de Gabriel

    Si bien, al principio, caí en el error de creer que era un remake de Los Juegos del Hambre, el análisis que haces pronto da a entender que va mucho más allá.
    También lo identifique con los movimientos sociales de huida de guerras, conflictos y hambre, que se están viviendo hoy en día y a los que te refieres tu también.
    Pero lo que más me viene a la cabeza, es la juventud preparada y sin salida de ahora y sobre todo las multinacionales, que hacen creer a su personal, que la única forma de subir es pisando al compañero, llegando, y esto es verídico, a comerles el coco, regalandoles el libro ”Quien se ha llevado mi queso ”.
    Esta no me la pierdo. Gracias por tu crítica.

    • Muchas gracias por tu comentario Marisa. Tienes mucha razón en tu apreciación final, porque es cierto que esos procesos de selección de algunas empresas y cómo se incentiva la competitividad extrema entre empleados donde el “todo vale” se impone sobre otros valores, también tienen relación con las metáforas de lo que aquí se cuenta.

      Disfrutarás cuando la veas, ya lo verás.

  2. Una de las cosas que más me ha gustado es el diseño de alguna de las pruebas, y el hecho de que no supiésemos quién iba a pasarla y quién no. Ese es un aspecto que me da miedo de cara a la segunda temporada, porque quiero ver cómo evoluciona la historia que han planteado pero una vez que se acaban las pruebas puede que pierda un poco mi interés.

    Ha habido algunos personajes con los que he tenido relación amor/odio, como por ejemplo Rafael y creo que ese era el objetivo de los creadores de la serie, puesto que nos le presentaron realizando actos despreciables como robarle el cubo a un chico, machacando psicológicamente a Fernando, la forma en que consiguió su pasaje, y también llegó a participar en la pequeña mafia que se formó cuando les encerraron. Pero luego fue el que les plantó cara, ayudó a Michele y vemos que sus motivaciones son firmes y hasta comprensibles.

    También hay algún actor que creo que no estaba a la altura, como Michele, era un personaje con mucho potencial pero creo que mal interpretado.

    Y en el capítulo final nos han dejado las mejores pruebas, a mí me ha encantado.

    • Estoy de acuerdo contigo. Algunas pruebas además de entretenidas, han revelado el carácter de cada uno y por eso el acierto de haberlas colocado ahí. La de “la cena” me parece muy ingeniosa por esto mismo. Y en cuanto a Michele creo que el problema no es tanto de interpretación como del personaje. Es que ella apenas tiene conflictos, es más bien planita y sólo al final le estalla uno. El mejor de todos Ezequiel y luego Rafael que este si que tiene conflictos, y me gustó mucho el papel del chaval que parece que viene de una “familia bien” donde todos han pasado y ahora está muy seguro de que él también pasará.

  3. sofi

    Antonio encontré este post tuyo de una serie que no sabía que existía. La narras tan bien que me dio ganas de verla, lamentablemente no tengo netflix, asi que tendré que esperar a que le den en otro canal, o ver si la puedo mirarla por otro medio.
    Algo que me gustó mucho de lo que escribiste, fue cuando dijiste: “arriba es donde está lo perfecto y lo bello y no abajo. Por eso mismo, cuando necesitamos implorar por alguien o por algo no lo hacemos mirando al interior de un pozo, sino arriba, muy arriba…” ¡Muy cierto!

    • Muchas gracias, Sofi!!

      Yo creo que si la buscas por ahí, la encuentras. Te la recomiendo mucho. Bajo presupuesto pero con una historia atrás que atrapa. Y lo que dices y dije en su día, es así como funcionan las cosas…mirar muy alto y olvidarnos de lo que tenemos a nuestro lado. Y así nos va, claro.

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