Para un puñado de adolescentes británicos, nacidos y criados Bristol, el mundo sólo es soportable haciendo piña, tomando drogas y yendo de fiesta. Skins retrata la juventud actual a través de una larga paleta de personajes (en concreto, tres grupos, tres generaciones) que afrontan la vida como pueden. Para ellos, el ahora es lo más importante. Esta serie lo hace todo con buena música, buenos actores e historias a flor de piel. Al final, el despertar de estos chavales (desde Tony a Franky, pasando por Cassie, Effy, JJ o Grace) es la muerte, y la caída duele. Skins es un asombroso delirio de proporciones shakespearianas, por poéticas y duras: todo es inesperado y, de lo inverosímil, todo es tan natural como la vida misma.