Homeland: ¿qué podemos esperar de la sexta temporada?

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Pues ya tenemos la sexta temporada de Homeland en nuestras manos. Con un poco de retraso en el calendario inicial de Showtime y con una fecha de cierre a la vista, la serie retoma su andadura. Para ello, cambiamos de escenario, volviendo a EEUU tras dos años fuera, y con más temas pendientes que las últimas temporadas en su arranque. ¿Cómo nos deja la temporada con estas premisas? Vamos a verlo.

Los coletazos de Berlín

Lo primero que debemos decir es que la nueva temporada de Homeland tiene más reminiscencias de la anterior que las últimas. Ni el salto a Pakistán ni a Berlín dejaron tantos temas en el aire. En los últimos años (básicamente, desde el final de la tercera), cada temporada tenía un aspecto de “punto y aparte”. Sin embargo, esta temporada dejó algunos puntos por resolver.

El primero y más evidente, es la “no muerte” de Quinn. Yo le había dado por muerto al final de la temporada pasada, pero más de uno defendió enérgicamente lo contrario. Y acertaron. El agente no está muerto. Creo que el tratamiento del final de la temporada pasada es bastante tramposo, dado que todo indica a un ahogamiento por parte de Carrie. Aparte de la posibilidad de que ella se echara atrás, o que él despertara en ese momento, creo que es la segunda “mentira” que nos cuela la serie en sus seis temporadas. La otra fue al inicio de la tercera temporada. La relación de Quinn y Carrie apunta a ser uno de los arcos de esta sexta entrega.

El segundo punto importante es la propuesta de Düring de “relaciones formales e intenciones honestas” con Carrie. La verdad es que a mí no me intrigaba demasiado, y no apuntaba a nada serio. Esto se ha confirmado en la posiblemente única escena en la que salga Sebastian Koch esta temporada diciendo que bueno, hubo algo… pero nada serio.

El último punto es el distanciamiento cada vez más evidente entre Carrie y Saul. Este sí que creo que es el punto medular de la temporada, ya que continúa parte de los temas tratados los últimos años en la serie: hasta qué punto la política internacional de EEUU es causa o consecuencia de las acciones de organizaciones terroristas y enemigos. Carrie cree más en una sociedad internacional “civilizada” y Saul es el exponente más blando, pero exponente, al fin y al cabo, de la realpolitik americana.

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El futuro de Homeland

El inicio de la temporada llega en el momento en que toma posesión la nueva presidenta. Aquí vemos cómo, a veces, la serie intenta sincronizarse con los hechos… y los hechos le dan en los morros. Parece ser que los creadores de la serie esperaban que ganara Hillary Clinton… como casi todo el mundo. La nueva presidenta, Elizabeth Keane, (AKA Dunbar en House of Cards, que nos estamos encasillando) también mujer y aparentemente arraigada en Nueva York, tiene un perfil muy distinto al de la candidata demócrata en la vida real respecto a la política exterior. En todo caso, han acertado con que la transición se haría desde la Gran Manzana. Algo es algo.

La política de Keane es el arco argumental político (o de alta política) que enfrenta a la presidenta electa con la CIA y los Halcones de la política exterior. Esto apunta a retomar algo un poco oculto, o que quedó en segundo plano, de Dar Adal la temporada anterior: hacer lo necesario (incluso contra su gobierno) por lo que él interpreta como el bien mayor. Como decía, en la anterior temporada, la persecución de Saul nos dejó un poco de lado el final en Pakistan que tanto afectó a Carrie. Este parece ser el primer pilar.

El segundo punto, a un nivel político pero más concreto, es el encarcelamiento (aparentemente “fabricado por el FBI”) de un joven musulmán de origen nigeriano, Sekou. Estas acusaciones, injustas e incluso forzadas e inventadas por la policía, implican a Carrie y no descartaría (conociendo el pasado de Gordon y Gansa en 24) que sea un chivo expiatorio o un falso culpable para cualquier cosa que trame Dar Adal. Esto es solo una teoría. Por último, tenemos el eje que parece, de momento, más personal: la resurrección y las lesiones de Quinn. Aunque no es de descartar que tenga algún desarrollo a futuro, de momento parece ser más un punto de tensión emocional para Carrie que otra cosa.

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¿Qué podemos esperar?

El arranque, personalmente, me pareció muy flojo. En los dos primeros capítulos no hay una amenaza clara de nada. De hecho, el mundo real en la actualidad parece un sitio más inseguro que el de Homeland. No hemos tenido cliffhangers, ni giros, ni nada, en una serie que se ha caracterizado (eso sí, cada vez menos) por quemar trama con grandísima rapidez. En todo caso, esta falta de amenaza, a mí no me genera mucha tensión.

Por otro lado, el único punto con una tensión “real” o trascendente es la de Sekou. Sin embargo, me temo que el personaje no es especialmente simpático, ni estamos tan familiarizados con él como para tenernos el corazón en un puño como acostumbra la serie. Incluso con un personaje más amigable, como Aayan, fue difícil conectar. Podría ser que los creadores de la serie tratan de compensar las acusaciones de islamofobia que se hicieron en la temporada pasada con las pintadas en el campamento de refugiados. Si es así, y nos centramos en un “enemigo interior”, podría ser interesante. Especialmente porque es un tema que no ha tratado hasta ahora.

Todo ello podría ser una voluntad de trabajar una serie más cerebral o pausada que en años anteriores. Sin embargo, si hay algo que me preocupa es la trama de Quinn. Lamentablemente, el personaje tiene pinta de estar más que amortizado y que su continuidad venga más por no querer deshacerse de alguien tan carismático. El problema no sería tanto éste como que los precedentes que tenemos en esta serie sean tan malos. De hecho, la actitud errática y agresiva de Quinn, si no se construye bien su frustración, puede convertirle en una especie de Dana Brody más molesto que otra cosa.

En resumen, creo que la serie tiene algunos puntos que pueden resultar interesantes. Sin embargo, este inicio más pausado impide saber si hay algo más prometedor. Esperamos que así sea. Eso sí, hay varios indicios que recuerdan a la tercera temporada y eso es algo que no tenemos muchas ganas de vivir de nuevo, ¿verdad?


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3 comentarios

  1. Michel

    Ciertamente la trama de intriga y conspiraciones no parece fraguarse esos dos primeros episodios. El tema de Peter Quinn solo espero que no le hagan como a Nicholas Brody que pasó de ser un hombre de dudosa lealtad a un tío que está como una chota, para más inrí, metiéndose drogas cual yonki, luego una rehabilitación exprés para volver a ser soldado y tal y tal y tal. Eso no quiero que lo hagan lo mismo con Quinn, que ande con las drogas y zumbado, luego ocurra algo grave, de repente Quinn se rehabilite y se ponga a repartir tiros contra los malos.

    Un comentario personal, me da mala espina que la imagen de la presidenta se asemeje a Killary Clinton, mucha gente en general, sobre todo en Europa, ignora su política exterior que es mucho más belicista, el subconsciente hace que la personaje de ficción de Homeland lo vea como una extensión y representación de la “heroína” Hillary Clinton. Por si acaso, adelanto que tampoco me va Trump, al menos con éste nos vamos a reír y mucho.

    • Lukkas

      Muy cierto la demarcación sobre Hillary Clinton que presentó un programa de política exterior bastante agresiva comparado con su contricante Trump.
      También es cierto la inconsciencia que transmite la serie al espectador de esta presidenta de ficción como una semejanza a la figura de Hillary y es muy peligroso que son muy opuestos, el redactor por ejemplo parece que da por hecho este aspecto que comentas, Hillary Clinton = presidenta electa Elizabeth Keane.

      • Hola.
        Por alusiones. No asumo en ningún momento la asociación Clinton-Keane, dado que, a parte del tema de la política exterior (muy destacable como señaláis), el perfil de la presidenta Keane es el de una outsider de la política que ha crecido bajo un drama personal, lo que es sustancialmente distintos en todos los sentidos al perfil de Clinton. Otra cosa es que Gordon y Gansa hayan considerado que poner una presidenta (aparentemente demócrata, por lo que podemos suponer con su actitud hacia el servicio secreto) y con raices en NY, permitiría al público contextualizar la realidad con esta temporada, igual que han hecho en años anteriores con otras figuras.

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