Black Mirror o el saber hacer inglés

Hay un señor en Reino Unido que se llama Charlie Brooker, y que es guionista, periodista y presentador, entre otras cosas. Una buena tarjeta de visita, sin duda, aunque probablemente no supere el examen de Google Imágenes si el angelico en cuestión viene a pedirnos la mano de nuestra hija… Efectivamente, el señor Brooker es uno de los enfants terribles de la televisión británica, o el menos el principal responsable de Dead Set, aquella deliciosa mezcla de zombis y Gran Hermano, y de Black Mirror, trending topic seriéfilo en las últimas semanas. Una serie corta (corta de verdad: tres capítulos de menos de 60 minutos cada uno) y que invita a la reflexión. Solo por eso ya merece la pena, independientemente de que te acabe gustando o no. Black Mirror le da vueltas a temas como la privacidad, los medios de comunicación de masas, la omnipresencia de la tecnología, el poder absoluto de internet y la despersonalización de, en general, todo. Tranquilos, no es una serie para bohemios ni para devotos del cine pakistaní; es cañera. Lleva el sello Brooker, un sello que descubrirás (o reconocerás) en cuanto lleves vistos cinco minutos y te enteres de cuáles son las reclamaciones que le hacen unos desconocidos al Primer Ministro british. Podemos decir que, a cambio de solo tres horas de tu vida, Black Mirror no es en absoluto un mal trato, porque además sus capítulos son independientes y los puedes ver sin orden y sin continuidad. El primero es es flipante, el segundo más flojete y el tercero el mejor. Dicho esto, es hora de separarse: los que ya hayáis disfrutado de la serie, seguidme al otro lado del post; el resto, mejor os quedáis…

El propio Brooker define la serie a la perfección:

Cada episodio tiene un reparto diferente, una localización diferente, incluso una realidad diferente. Pero los tres hablan sobre la manera en que vivimos hoy en día, y en lo que podemos convertirnos rápidamente si somos un poco torpes.

Pues pobre David Cameron, oiga…

El primer capítulo, The National Anthem, es el más gamberro. O te follas a un cerdo, o matamos a la princesa. Leído así podría ser el argumento de un Super Mario Bros. Extreme, pero Nintendo no tiene las ideas peregrinas de Brooker, y es en Black Mirror donde encontramos al primer político de UK ante tamaño dilema. Lo voy a repetir: o te follas a un cerdo, o matamos a la princesa. Muy bien Rory Kinnear en el papel de Michael Callow, por cierto. Confieso que de este episodio me desencantó el final: no esperaba nada bueno para la princesa. Y, aunque sea insistir en un tema muy trillado en series y películas, bien por el personaje de la periodista metomentodo… sobre todo por ese toque 2.0 que es el envío de fotos cochinas. The National Anthem es pura fantasía, al menos hasta que se demuestre lo contrario. Lo más atractivo es que, como decía Cortázar, nos podría pasar, me crea

15 Million Merits, una especie de mezcla entre 1984 y X-Factor pasado por el tamiz de Wii, es posiblemente el capítulo menos brillante de los tres. Le da vueltas a la idea de lo inútil que es luchar contra el sistema cuando nosotros mismos somos el sistema… algo que tiene, creo, bastantes ecos de lo que pasó en 2011 en Madrid, Barcelona y otras ciudades españolas y europeas. Es interesante el uso del sexo como alienador, y me quedé especialmente prendado del aspecto de circo romano que presentaba el plató de Hot Shots (el nombre del programa en cuestión), con la pirueta que significa además que no hubiese personas sino avatares. No me gustó el final: ese trozo de cristal no tenía ni media opción de sobrevivir en un mundo de cámaras, y aunque lo hiciese no debería haber terminado donde lo hizo, sino en la garganta de los jueces (o al menos de uno de ellos, Rupert Everett a poder ser). Tampoco me sedujo demasiado lo de venderse por una ventana…

La primera historia podría suceder, aunque cuesta imaginarla, y la segunda aún la vemos muy lejana; de la tercera, The Entire History of You, solo nos separan un par de avances tecnológicos. Lo demás lo tenemos: mujeres, hombres, relaciones en la cuerda floja, celos, historias contadas a medias, traiciones… Brooker construye aquí una magnífica parábola sobre los peligros del saber, sobre hasta donde podemos hoy (y solo hay cambiar los re-dos por Facebook, Twitter, Foursquare y demás) llegar a meternos en la vida ajena, y especialmente sobre hasta donde somos capaces de mostrar la nuestra sin apenas darnos cuenta.

Bien, vuestro turno: ¿qué os ha parecido Black Mirror?


Categorías: Black Mirror Opinión
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